Reto 24 h Phantasm Salomon México

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Asfalto / Correr / Relevos / reto / S-Lab Phantasm / Salomon / Sin categoría

En esta ocasión el Team Salomon fue convocado para participar en el reto 24 h Phantasm, el pasado 24 y 25 de marzo, cuyo objetivo era lograr 1,000 km corriendo con el nuevo calzado de asfalto S-Lab Phantasm en un pista de 750 mts.

Éramos 15 los que teníamos semejante misión, algunos ya habíamos corrido en equipo el año pasado en la carrera Pescado de Moctezuma, sin embargo este reto era diferente. Para algunos el desafío no era la distancia en sí misma, ya que todos son ultramaratonistas (menos yo), para muchos el reto era fraccionar la distancia, descansar por varias horas y volverse a poner en marcha en un camino casi plano y dar vueltas de ratón.

El plan inicial era dividirnos en equipos de 3 personas para correr durante una hora, pasar la estafeta al siguiente “relevo” y manteniendo siempre a alguien corriendo durante 24 h.

Empieza el reto.

Llegamos a la terraza de Plaza Satélite alrededor de las 10:30 am, para alistar nuestras cosas, calentar y reconocer la pista.

En punto de las 12:00 pm con los nervios y ansiedad presentes se dió el arranque de salida. Tuve la fortuna de salir en el primer hit con dos grandes corredores, referentes de las carreras de trail en México: Ricardo Mejía (el rey de las montañas) y Marcos Ferro (creador de UTMX). Don Ricardo impuso el paso desde el inicio, el Che siguiéndolo y yo en la retaguardia. Después de unas vueltas y al comprobar que el ritmo era muy rápido decidí ajustar mi paso pues era apenas el primer bloque de 5 que teníamos por delante. El calor era desgastante, después de 6 kms mis labios estaban completamente resecos y comencé a hidratarme. Minutos después un viento fuerte quiso hacerle compañía al calor, el cual nos obligaba a poner un poco más de resistencia al tenerlo en contra, pese a ello logramos terminar nuestro primer bloque felices y satisfechos, con un acumulado de 42km entre los tres.

Las siguientes 4 horas eran clave para recuperarnos lo mejor posible, las cuales aprovechamos para estirar, cambiarnos, comer, hidratarnos y echar porras.

El segundo bloque que comenzó a las 5:00 pm fue el más pesado para mi, después de poco más de 5 kms me comenzó un dolor que aparentaba ser el “dolor de caballo” que después se convirtió en cólico. Sentía el abdomen muy inflamado por lo que tuve que bajar el ritmo para aminorar el malestar, el cuerpo se me fue debilitando pero no paré hasta cumplir con la hora pues tenía en la mente que cada paso que hacía sumaba. Al terminar la hora paré, fui directo al baño, me cambié y acosté un rato para recuperar fuerzas. Posteriormente le pedí ayuda a Nury (fisioterapeuta), para que me diera masaje en los muslos y me ayudara a curarme las ampollas que ya se hacían presentes en mis pies.

Minutos antes de las 10:00 pm y a punto de arrancar con el tercer bloque, llegó mi porra favorita y salí con la batería recargada para seguir dándole lo mejor al equipo. En esta ocasión el que se sintió mal fue Marcos, el estómago le cobró factura y tuvo que bajarle a su ritmo pero nuestro compromiso y amor hacia el equipo es tan fuerte que hace que saquemos fuerzas para no rendirnos y terminar.

En esta ocasión el descanso lo aproveché para comer, hidratarme, ponerme las botas de compresión, curarme las ampollas, tratar de dormitar un rato y mantener el cuerpo caliente.

A estas horas del reto todos los corredores nos encontrábamos ya cansados y nos encontrábamos en nuestros sleppings arropados lo más posibles para tratar de conservar el calor y tratar de descansar lo mejor posible.

El cuarto bloque que comenzó a las 3:00 am fue el que más disfruté, el clima era perfecto, estaba fresco pero tolerable, no había viento y teníamos de compañía a una luna grande y amarilla que iluminaba nuestro andar, en cada vuelta que me topaba con ella no dejaba de impactarme su majestuosidad y belleza.

Poco antes de las 7 de la mañana me levanté y alisté para lo que sería mi último bloque pero minutos antes de arrancar nos dijeron que tendríamos que hacer un ajuste y que cada quién saldría al momento en que sintiéramos más fuerte nuestro cuerpo. Algunos optamos por iniciar de inmediato para tratar de evitar el calorón y pese a que la mañana estaba fresca después de unos minutos el calor se hizo presente lo que provocó que tomara la decisión de parar después de 12 k para cambiarme de ropa y ponerme algo más fresco.

Decidí reiniciar acompañada de Andy y Monnie para contagiarnos de energía, estas chicas tienen una vibra muy linda que hace que en automático uno sonría. Al terminar esos 5k nos dieron la noticia que faltaban tan sólo 40 km para lograr el reto, por lo que nos tocarían otros 5km aproximadamente a aquellos con los que contáramos con las fuerzas necesaria y teníamos aproximadamente 2 horas para lograrlo así que algunos tomaron descanso mientras que otros iniciaron y minutos antes de dar las 12:00 pm corrimos los 15 juntos para dar por cumplido nuestro reto con un acumulado de 1017km. Llegamos a la meta cansados pero felices de haberlo logrado.

El cansancio, ampollas, malestares y demás altibajos valieron la pena por cumplir un reto más en equipo. Gracias a cada unos de los integrantes del equipo (Aby, Andy, Fabs, Mar, Monnie, Clau, Tony, Eder, Serch, Luis, Mau, Fer, Marcos y a Don Ricardo), al staff de apoyo Clínica Mover-T, Alumia Sports, Plaza Satélite y restaurantes que nos brindaron todas las facilidades para poder realizar el evento con un aforo restringido y con todas las medidas de seguridad, a nuestro abasto y animador número uno Ernest y a la organizadora de este evento Patty por creer en nosotros y convocarnos a semejante reto.

De este reto me quedo con el gran trabajo en equipo que hicimos, pese a las bajas que tuvimos nunca lo dudamos y decidimos correr más kilómetros de lo que nos tocarían en un inicio porque al final de cuentas este reto era en conjunto, por lo que el ritmo quedaba en un segundo plano, optábamos por irnos al paso del otro para motivarlo y agradecerle el esfuerzo y la entrega que estaba haciendo por todos.

En cuanto a los S-Lab Phantasm, todos concordamos que son muy ligeros (199 g), transpirables, cómodos y con retorno de energía en el rebote de cada zancada. En conclusión, pudimos constatar que la tecnología con la que fueron desarrollados ayuda a los corredores a obtener grandes resultados, por lo que los recomendamos para su uso en terrenos y carreras de asfalto.

Zacatlán de las manzanas

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45k / Trail / UTMX

Zacatlán de las manzanas tenía un propósito muy importante:  Rendirle tributo a mi abuelito Enrique “el muñeco”; Don Enrique, la persona que siempre me preguntaba cómo iban las carreras y los entrenos, quien me recordaba que no todo es fácil pero que valía mucho la pena luchar por lo que queremos. Sí, a ese señor coqueto le gustaba leer mis reseñas de cada maratón, me felicitaba y siempre me deseaba lo mejor. A él, a ti muñeco te quise dedicar mis primeros 45km y sé que estuviste acompañándome en cada bajada y subida retadora.

Sobre la carrera me dijeron en la entrega de números que era una ruta demandante y que me la llevara tranquila. ¡Y vaya que lo fue!, desde un inicio nos dieron la bienvenida con una bajada larguísima en donde los cuadríceps de inmediato sintieron el esfuerzo y nos recordó que esto no sería fácil.

En cuanto al clima no sé por qué, pero siempre me imaginé que Zacatlán sería muy frío pero no, fue todo lo contrario, nos tocó un día con mucho sol desde el inicio, había partes en las que no había sombra dónde pudieras resguardarte; por lo mismo, decidí detenerme en todos los puntos de abasto para llenar mis botellas y evitar quedarme sin agua antes del siguiente abasto.

Me sorprendió para bien, ver que los corredores y staff respetaran en todo momento las medidas de seguridad sobre el COVID; lo triste fue no poder tocar las manitas de los niños que nos echaban porras en el camino.

En mi caso, mi objetivo era llegar con luz a la meta para evitar correr en la obscuridad porque uso lentes y no me siento segura andando en la noche, al llegar al check point de mitad de carrera, ví que podía ser viable si seguía con el mismo ritmo, así que siguiendo a mi amigo Luis continué.

Había muchas subidas y bajadas, cuando nos topábamos con un plano o falso plano lo aprovechaba para meterle un poco de velocidad y trataba de correr por donde hubiera sombra, aunque hubo partes en las que esta no era posible o si sí te tenías que detener y tomarte un descanso. El marcaje de ruta estuvo muy bien realizado, en los puntos donde podría haber confusión te encontrabas a alguien del staff que te guiaba.

Todo iba relativamente bien hasta que llegamos a un río ahí empecé a sentir una molestia en la espalda, de hecho unos compañeros de ruta me preguntaron si estaba bien, les dije que era cansancio y continué después de refrescarme un poco, así hasta llegar al abasto del km 35. En ese abasto muchos paraban para descansar, comer, agarrar fuerzas y seguirle aprovechando que estaba techado el lugar. Yo sólo llené mis botella de agua y tomé una naranja que me supo a gloria.

Sólo faltaban 10km pero sabía que los últimos 5kms eran de subida así que teníamos que canalizar la energía. Empezamos a bajar y nos dijeron que teníamos que llegar a un río grande y de ahí ya sería la última subida. Ya en el río mis pies agradecieron el poder refrescarse un poco después de una jornada intensa de mucho calor. En ese trayecto Mau me alcanzó y me echó ánimos. Él se veía fresco y eso que estaba corriendo 60km 💪🏼 Al momento de llegar al cruce del río pude ver a mi amiga Marisol, me dijo q le estaba costando, traté de animarla y pensé q me seguiría. Poco después mi espalda comenzó a dolerme, en el momento menos oportuno porque ya estábamos subiendo y con el paso de tiempo no le veía el fin a esa subida. Me topé con Paola y nos íbamos jalando una a la otra, ella sufría de calambres pero no parábamos y cuando por fin llegamos a la cima un amigo de ella que la esperaba la jaló y de ahí me agarré yo para apretar un poco el paso. Ya estábamos por fin, llegando al centro y en la última recta para llegar al deportivo estaba mi amigo Sergio quien me sacó una sonrisa y me acompañó los últimos metros. Entré a la pista y sentí la suavidad del tartán, agradecí esa bienvenida y pude chocar la mano de Lalo que estaba esperándome con más amigos y así con puño en lo alto y mandando un beso al cielo pude cruzar esa meta y rendirle tributo a mi abuelito.

Gracias Muñeco, te extrañamos mucho, pero prometo que seguiremos disfrutando de la vida y coleccionando momentos para que en un futuro nosotros seamos los que contemos con el mismo entusiasmo y alegría que tú nuestras propias historias. 🕊✨✨💖

Trofeo para Don Enrique Estrada

Para una gran ciudad, un gran maratón.

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maratón / New York

—¡Quiero repetirlo, quiero volver a correr Nueva York!

—Si quedas en el sorteo, vamos— .

Así fue como Lalo y yo regresamos a la ciudad que nunca duerme.

Meses de entrenamiento fuerte: miércoles de repeticiones que terminaban en baños de sudor, sábados de fuerza y oxigenación en montaña y domingos de largas con variantes de ritmo y tiempo.

Partimos a la gran manzana el viernes 01 de noviembre por la mañana en compañía de nuestra amiga Julieta; ella es una de las personas que más anhelaba me acompañara y me viera correr en algún maratón, pues comparte la misma pasión por el deporte que yo, sólo que ella es más de agua (sí, es nadadora).

Después de varias horas de dormir llegamos a nuestro destino y pese a que pasamos muchas horas sentados en el avión, el tiempo que nos hacen esperar en la aduana no es nada grato, pero es una señal de que ya estás en Nueva York.

Una vez instalados en el hotel decidimos salir a cenar para después ir a Times Square antes de ir a descansar.

El sábado, trotamos con nuestro amigo Mikel (aka Mr. Manhattan), fuimos a la expo, caminamos un poco, regresamos al hotel por la tarde y alistamos las cosas antes de dormir.

 

Domingo 03 de Noviembre

Antes de que sonará la alarma me levanté y me alisté. Nos dirigimos hacia el metro y nos sentamos a esperarlo, los minutos fueron pasando, los nervios se iban apoderando de nosotros y de todos los corredores que nos encontrábamos ahí. Algunos optaban por tomar el metro hacia otra dirección, otros se iban y otros al igual que Lalo y yo optábamos por esperarlo. Afortunadamente el metro llegó y ya en la Biblioteca la fila para abordar los autobuses avanzaba rápidamente. Llegamos a Staten Island justo en el disparo de salida de los competidores de silla de ruedas, por lo que nos fuimos directo a nuestros corrales después de pasar el cerco de seguridad. Dentro de mi corral pude ver como Mikel se transformaba en Mikela, me dió mucho gusto verl@ ahí, por primera vez compartiríamos un maratón. Después de despojarnos de ropa y de escuchar a Frank Sinatra partimos a la fiesta más ruidosa de América.

La salida fue increíble (en esta ocasión me tocó salir arriba del puente), la vista que teníamos era mágica, teníamos a los helicópteros muy cerca de nosotros. Mikel corría adelante de mí, hasta que llegó un momento en que ya no lo vi por lo que continué con mi carrera. Al bajar el puente la gente nos esperaba ya en las calles con letreros de ¡Bienvenidos a Brooklyn! y los niños estiraban sus manitas para chocarlas. Fue hasta el kilómetro 3 o 4 en el que me decidí quitarme la chamarra, mi cuerpo ya había entrado en calor y podía tolerar el aire fresco.

Tomaba agua e isotónico en cada puesto de hidratación que pasaba. En el reloj del kilómetro 10 vi que iba un poco rápido, intenté bajarle, pero entre el goce, la adrenalina, la porra y la música no lo conseguí, así que dejé que todo fluyera. Al atravesar el barrio judío casi me llevo a un señor que se cruzó la calle sin fijarse si venían corredores. En el kilómetro 21 me dije: Ya vamos a la mitad, ¡síguele! y cada que veía una bandera de mi país o que escuchaba ¡Vamos México! les sonreía, levantaba el puño y hasta les gritaba.

Mucha música pegajosa y animosa en toda la ruta nos hacía bailar, bueno al menos yo no me resistía y movía la cabeza y los brazos al ritmo de ella. Sin embargo, NY también tiene sus momentos de silencio y tranquilidad como es el puente de Queensboro en el que no se escuchan porras, sólo se escuchan nuestras pisadas. Ahí pude presenciar los primeros estragos del maratón, unos guías junto con sus competidores en silla de ruedas se detenían y yo sólo anhelaba que estuvieran bien y que pudieran continuar. Seguí mi camino, pues sabía que estaba próximo el kilómetro 26, punto en el que habíamos quedado de ver a Jules, así que al terminar de bajar el puente decido prestar más atención a la porra para tratar de localizarla y chocar su mano, pero entre tanta gente no lo conseguí y sólo deseé que Lalo tuviera más suerte y lograra verla.

836380_1024_0023En el trayecto me topé con varios mexicanos, pero la sorpresa mayor ocurrió mientras cruzábamos el último puente. A lo lejos vi una playera de Corro por Ayotzinapa y atrás de él una playera roja con el logo de Nemik, seguí corriendo hasta acercarme y al pasarlo volteé a verlo y era Germán Silva, la leyenda mexicana de Nueva York, mi primer coach “formal” que tuve. Me sacó una sonrisa y le dije ¡Venga Germán!, inspirada seguí corriendo. El puente terminó y la gente seguía gritándonos y apoyándonos en todo momento.

Por el kilómetro 35 un corredor con prótesis en las dos piernas me rebasó y me inspiró a seguir. Llegamos a Harlem y pienso que cada vez estamos más cerca, los kilómetros pasan, las piernas comienzan a sentir el cansancio, el aire se siente cada vez más fresco y mis muslos los siento fríos. Trato de distraerme y no prestarles atención mientras miro al frente y por fin veo a lo lejos la entrada a Central Park. Metros adelante escucho una voz muy familiar, volteo y al verlo le grito ¡Micho!. Ahí está, se acerca hacia mí, corre unos pasos conmigo hasta que el policía lo regaña y no lo deja continuar. Esos momentos fueron mágicos, me inyectó de la energía que lo caracteriza para seguir corriendo y entrar al parque sonriendo.

Central Park, eres hermoso pero tus subidas y bajadas pesan mucho después de traer en las piernas un poco más 36 kilómetros, pero la gente está ahí, la mayoría familiares y amigos de los corredores que estamos entregándolo todo. En esos últimos kilómetros veo a un corredor que por momentos se detiene, al parecer los calambres se quieren hacer presentes; su amigo que corre junto a él lo alienta para continuar. Caminan y corren por tramos, les echo porras y continúo. En la recta hacia Columbus escucho a la porra más animada o quizá mis ánimos son los que comienzan a incrementarse, doy vuelta a la derecha para entrar por esos últimos 800 metros, al ver la meta en la última subidita corro con la poca energía que me queda, cruzo la meta con el puño levantado, sonrío y se me escapa un grito de felicidad.

Los voluntarios nos aplauden y nos felicitan mientras caminamos hacia la salida. Algunos corredores se detienen a estirarse o simplemente a acostarse. Yo me detengo hasta después de haber recogido mi medalla, estiro un poco para después contestarles a mis papás y amigos sus mensajes de felicitación. Veo a mi amigo Mau quién también corrió, después llega Lalo e intercambiamos nuestras primeras reacciones. Todos estamos felices, cruzamos una meta y cumplimos un sueño más.

Después de casi un mes de haberlo corrido continúo contenta y sigo asimilando todo lo que viví y aprendí, tengo muchas mejoras por hacer entre ellas, mi alimentación durante la carrera. El maratón nos deja muchas enseñanzas y nos motiva a continuar, por ello quiero agradecer a Lalo por decirme que corriéramos de nuevo Nueva York (sin duda alguna correr la Gran Manzana siempre será una gran opción) y por estar siempre a mi lado. Gracias a Newton por apoyarme y equiparme con mis tenis de entrenamiento y de carrera. Gracias a mis papás que a pesar de ponerlos nerviosos en cada maratón ahí siguen emocionándose conmigo. Gracias a ti Gerry por creer en mí y guiarme en todo este camino, sabes que tenemos mucho por trabajar y no pararemos. Gracias a Camilo por trazar las rutas de los domingos y esperarnos hasta que termináramos. Y el último agradecimiento es para Jules por acompañarnos y vivir con nosotros un maratón. ¡Te queremos mucho!

Boston eres impredecible.

Boston / Correr / Major / Sin categoría

Mi tercer Boston lo quería correr al lado de mi novio, sin embargo las cosas no sucedieron así pero tuve la fortuna de tenerlo a mi lado acompañándome y motivándome en todo momento.

Los meses de entrenamiento al lado de Gerardo Mejía hicieron que nuestra relación (coach-corredora) se hiciera más fuerte, él estaba al pendiente de las dudas en todo momento y calmaba mis momentos de incertidumbre.

Semanas previas al maratón la carga en el trabajo aumentó, me angustiaba no estar relajada pero sabía que tenía que dejar lo mejor posible el proyecto antes de partir y afortunadamente así fue. Volamos a primera hora del viernes 12 de abril hacia Nueva York, sólo esperé a que el avión despegara para dormirme todo el vuelo. La espera de la conexión del vuelo no fue la que esperábamos, hicimos más de 2 horas en la fila de la aduana, ahí conocimos a una familia mexicana que también iba a Boston y cuando aparentemente ya estábamos a 2 personas de pasar con el oficial hicieron cambio de turno por lo cual a todos nos volvieron a formar en una fila, la desesperación entre las personas no se hizo esperar, sobre todo la mía al ver que los minutos avanzaban y la hora de abordar estaba próxima; tuvimos que insistir y recordarle a la señora de seguridad que nuestro vuelo estaba a minutos de salir, pero fue hasta que teníamos el tiempo encima cuando nos dejó pasar a la fila “exclusiva” para diplomáticos. Afortunadamente el oficial se portó muy amable, nos deseó suerte y de ahí nos fuimos corriendo hasta la sala de abordaje, ahí nos encontramos con otra familia mexicana que venía a nuestro lado en el vuelo y nos dijeron que pensaron que habíamos perdido el vuelo pero afortunadamente no fue así, no sé si fuimos los últimos en abordar pero yo sentí que sólo nos abrochamos el cinturón de seguridad y el avión comenzó a avanzar, inmediatamente caímos rendidos y nos dormimos todo el vuelo.

Una hora después despertamos en el aeropuerto de Boston, teníamos hambre pero finalmente ya estábamos en nuestro destino, sólo pasamos por un bagel antes de irnos al hotel a dejar nuestras maletas. Después nos fuimos a desayunar y a caminar por el centro de Boston, el clima estaba frío pero era agradable estar ahí viendo el movimiento de los habitantes en su día laboral. Por la tarde corrimos en el gimnasio del hotel ya que el clima estaba más frío.

El sábado amaneció lloviendo, era el día de la competencia de 5km en la que participaría Lalo, estábamos emocionados y esta sensación se fue incrementando al llegar a Boston Common al ver el desfile de corredores recogiendo sus números, tomándose fotos y calentando. Minutos después lo acompañé a el área de calentamiento y fue ahí cuando me pidieron que saliera de esa área porque ya sólo iban a permitir a los participantes, así que me fui a buscar un lugar donde pudiera verlo y sin querer nos volvimos a encontrar pues los habían mandado colocarse en el corral de salida. IMG_9281Después de despedirme y desearle lo mejor me fui caminando a buscar ahora sí el punto en el que pudiera verlo en 2 ocasiones; la porra ya estaba lista y ansiosa, todos esperábamos el ansiado arranque para gritarle a nuestros corredores y así fue, en cuestión de minutos la prueba veloz comenzaba y por lo mismo fue difícil ubicar a Lalo entre tantos participantes sin embargo yo estaba feliz de saber que él estaba entregándolo todo. Minutos después me crucé la avenida y ya venían los punteros, sus rostros reflejaban que estaban dándolo todo, eso nos volvía más locos y no parábamos de aplaudirles y animarlos. Yo perdí el control en cuanto ví a Lalo, me olvidé de las fotos y no paraba de gritar, me fui corriendo tras de él hasta la meta y cuando nos encontramos estaba muy feliz pues había hecho su mejor tiempo, le encantó compartir la carrera con grandes corredores tan veloces y sobre todo ver a niños con un nivel sensacional.

De ahí nos fuimos a la expo del maratón pues ahí nos habíamos quedado de ver con unos amigos. Estando ahí nos dirigimos por nuestros números y después nos separamos para que cada quien viera con tranquilidad lo que quisiera, todo iba tan bien hasta que nos dimos cuenta de que había perdido mi celular, tuvimos que regresar por los lugares en donde habíamos estado con la esperanza de verlo, sin embargo no fue así y acudimos a un área de seguridad para dar aviso y nos dijeron que no tenían nada resguardado hasta el momento que regresara al día siguiente para ver si en el transcurso del día lo entregaban.

De la expo nos fuimos a comer, ahí nos encontramos con más amigos, después nos despedimos y fuimos por un helado para posteriormente ir al lugar en donde Tommy Rivs haría el shake out con los corredores. Lalo tuvo la fortuna de correr con él, pues yo no traía ropa deportiva y tenía que cuidar las cosas que traíamos, sin embargo cuando terminaron pudimos platicar un rato con él y podemos decir que no sólo es un extraordinario corredor sino una persona sencilla y amigable.

El plan para el domingo era ir al trote y foto de los mexicanos pero no lo logramos, llegamos justo cuando acababan de tomar la foto, sin embargo ahí vimos a más amigos que compartían la felicidad de estar ahí. Supuestamente haríamos el trote con ellos pero se nos escaparon (lo siento Ara y Pepe Tena) por estar platicando, así que hicimos nuestro propio shake out Lalo y yo a orillas del río Charles, después alcanzamos para desayunar a Emma, Alex, Mike, Lili, Luis, Moni y Paloma en The Paramount un lugar delicioso atendido por mexicanos. Posteriormente regresamos a la expo con la esperanza de encontrar mi celular, fuimos a varios puntos en donde nos decían que ahí podían tener cosas extraviadas, hasta finalmente llegar al área de seguridad de todo el edificio de objetos extraviados. Lalo tocó la puerta y salió una oficial un poco mal encarada, le dijimos lo que había ocurrido y me preguntó cómo era mi celular, le contesté y me dijo que sí podía tenerlo, cerró la puerta y en cuanto salió lo reconocí, le dije que ese era, me pidió desbloquearlo y mi reacción inmediata fue abrazarla, lo cual le causó risa y me deseo suerte en el maratón. No cabía de la emoción, la verdad no creí que lo encontraría sin embargo fue una lección de que existe gente honesta que devuelve las cosas. De ahí nos fuimos a comer con Marisol y Sergio, nos relajamos, platicamos y tomamos fotos. Nuevamente estábamos en el maratón que hizo que nos conociéramos, más tarde nos despedimos deseándonos lo mejor y nos fuimos a descansar. Estando en el hotel sólo tomamos una siesta, fuimos a cenar, alisté las cosas para el gran día, me bañé y dormimos.

Lunes 15 de abril: El día llegó.

5:30 am la alarma suena, me levantó, me asomo por la ventana y veo que tal y como se pronosticaba, está lloviendo. Lalo prende la televisión y en las noticias están transmitiendo ya desde el Boston Common, los corredores lucen abrigados con ponchos y bolsas de plástico cubriendo sus tenis; dudo un poco en ponerme short pero termino haciéndolo, trato de desayunar un poco de avena, me encimo ropa abrigadora, me lavo los dientes y salimos. En el autobús y en el tren hay corredores un poco angustiados por la lluvia, nos encontramos con un peruano que nos hace la plática y nos acompañamos hasta la estación Park Street, vemos que la gente no sale puesto que está lloviendo más fuerte, saco el poncho y me lo pongo, le doy a Lalo las cosas que no usaré; en cuanto disminuye la lluvia nos despedimos del amigo peruano y nos enfilamos hacia los autobuses que me llevarán hacia Hopkinton; en el camino nos encontramos con Toñito y ya estando en la fila de abordaje de los autobuses Lalo me sonríe, me dice que me irá increíble y nos despedimos.

La espera para subir el autobús aunque fue corta hace que terminemos todos mojados. En el camino todos platicamos, algunos comen, se hidratan, comparten opiniones y tips mientras deja de llover; de pronto un corredor se para y pregunta ¿de quién es su primer Boston?, manos se alzan y todos aplaudimos, enseguida ¿de quién es su segundo? y así hasta llegar al 10, todos nos emocionamos y echamos porras. Minutos después llegamos a la Villa de corredores, a través de los vidrios los vecinos nos saludan y las ansias por salir se incrementan pero es hasta el momento que le dan la señal al chofer cuando nos dejan bajar y todos nos emocionamos al mismo tiempo que nos encaminamos a la entrada, mientras caminamos me tomo una foto con Toñito y decidimos en qué carpa meternos para esperar, sin quererlo optamos por la carpa en donde se encontraba José Luis, un grandioso corredor con el que se había quedado de ver, lo cual hace que se tranquilicen los dos, elegimos un lugar, nos sentamos un rato y después me animo a ir por un bagel y un plátano.

El tiempo transcurre muy rápido, deciden acompañarme hasta la entrada para los corrales, ahí escucho que ya están llamando a los corredores del bloque 2, me pongo un poco nerviosa pues no me he cambiado los tenis ni calcetines húmedos, me tranquilizo, comienzo a despojarme de ropa e inmediatamente hago el cambio de calcetines y tenis, me coloco el número y me enfilo en búsqueda de mi corral, tengo ganas de pasar al baño pero las filas son enormes así que desisto, mejor me voy a mi corral y ahí las emociones se incrementan al ver que estoy a unas cuantas filas de la línea de salida, justo al lado de la tribuna de la porra. Volteo a mi alrededor y veo que la mayoría de corredores trae playera de tirantes así que sin pensarlo quito mi número, me quito la playera de manga larga y se lo pongo a la de tirantes, entrego la playera y el poncho a los voluntarios, me coloco en mi lugar y comienza la cuenta regresiva, en unos segundos mis piernas comienzan a desplazarse por las calles y mi mano comienza a chocarlas con los niños que han salido a echarnos porras, volteo a ver el reloj y me doy cuenta que voy más despacio de lo esperado pero vamos muy compactos y es hasta el kilómetro 3 cuando ya se van abriendo espacios y puedo ajustar mi ritmo.

833763_1078_0017Hasta el kilómetro 10 pude verificar el tiempo que llevaba, me sentía bien, por momentos se sentía fresco el viento pero se sentía agradable bajar un poco la temperatura causada por la humedad que había. Afortunadamente había muchos puestos de hidratación en toda la ruta y los voluntarios siempre nos echaban porras además de extendernos vasos con agua o Gatorade.

En el kilómetro 20 pensé falta poco para ver a Lalo, pues aunque no habíamos quedado de acuerdo en las ocasiones anteriores siempre lo había visto entre el kilómetro 22 y 23 del lado derecho por lo que deduje que en ese punto lo vería. De repente escucho un tumulto de voces y gritos, sí estamos a punto de pasar por la zona del Wellesley College, voy al centro y decido seguir así para no interferir en el andar de los chicos, pues es su momento, las chicas les piden besos, yo me divierto y no paro de sonreír.

Llego al kilómetro 22 y no veo ninguna bandera mexicana, en el 23 tampoco, no encuentro a Lalo y pienso que decidió acompañar a Lili, Moni y a Alex en el punto que habían acordado, así que continúo, de repente volteo del lado izquierdo, veo la bandera de México y escucho sus gritos, sí Lalo está ahí por el kilómetro 26 junto con Sergio que no para de sonar su trompeta, yo los saludo, les sonrío y me recargo de energía para seguir mi camino. ¡Qué momento!

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Gracias por las porras Sergio y Lalo, fueron un boost de energía 🙂

En el kilómetro 30 bajo mi ritmo, justo antes de llegar a la Heartbreak hill, decido conservar el paso para tener fuerzas y poder conseguirlo, de repente un corredor se acerca y me dice “vamos por ella“. Continúo y es ahí en el kilómetro 32 en donde veo a mis amigos, les hago señales, me ven y comienzan a gritarme. Sonrío, los saludo y continúo, me digo ya falta el último cuarto, desconozco el ritmo al que voy, sólo pienso en mi familia, amigos que me están siguiendo y en mis perros.

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Segunda carga de energía, gracias a Moni, Lili y Alex 😀

No dejaba pasar puestos de hidratación sin tomar algún líquido. Sin embargo, llegó un momento en que el gel ya no me entraba y lo mismo ocurrió con el Gatorade, pero me obligaba a darle un sorbo pues sabía que mi cuerpo lo necesitaba, en una ocasión pasó por mi mente detenerme para vomitar pero dejé pasar ese pensamiento y comencé a motivarme más que ocasiones anteriores y a sonreír. Al ver la señal de Citgo voltee a ver mi reloj y dije Tania todavía lo puedes lograr, aférrate ya no falta nada, seguí luchando y al dar la vuelta en Boylston sonreí y traté de apretar el paso lo más que pude hasta cruzar la línea y ver el reloj que marcaba debajo de tres horas. Lo había logrado, no paraba de reír y mis piernas mágicamente ya no sentían cansancio. Boston me desafió y me enseñó que vale la pena arriesgarse y luchar por tus sueños. ¡Gracias Boston!

Al cruzar la meta me tomé una foto, después tomé agua y traté de comer un plátano pero tampoco me entró, gritaba de felicidad, les daba las gracias a los voluntarios, les chocaba sus manos. En la salida ví a Araíz, me acerqué a ella, la felicité, nos abrazamos y mis lágrimas salieron. Nos tomamos una foto y me presentó a Regina una gran corredora que no conocía; después ví a Lalo que me recibió con otro abrazo y de ahí nos fuimos junto con Ara al parquecito a buscar a más amigos. Ahí vimos a Fer, Luis, a Pepe Tena y también conocimos a Arturo Fernández, un corredor veloz y buena onda.

Sentada en el parque el sentimiento llegó, Lalo me abrazó y me dijo que lo hice increíble, traté de enviarles mensaje de voz a mis papás, amigos y a mi entrenador pero no pude, la voz se me quebraba así que sólo les escribí y agradecí el estar siempre apoyándome.

Cuando la lluvia comenzó nos fuimos a comer de nuevo a The Paramount, ahí me cambié toda la ropa mojada que tenía, pude entrar en calor y asimilar un poco más todo lo que había vivido.

Por esto y más es que muchos corredores decidimos regresar a correrlo. ¡Boston, eres impredecible!, síguenos sorprendiéndonos y dándonos lecciones de vida.

Gracias papás y familia sus porras me llegaron hasta allá, perdón por hacerlos sufrir un poco al final. Gerry, gracias por creer en mí, por emocionarte, estar al pendiente y estar feliz del trabajo que hicimos. También gracias a ti Milo y a todo EVEN por sus palabras.

Lalo, sigue siendo mi motor, mi equilibrio y mi mejor compañero de entrenamientos. Esto no hubiera sido posible sin tu apoyo.

Corriendo por la Gran Manzana.

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Correr / Major / maratón / New York / Sin categoría

Tuve la fortuna de registrarme al maratón de Nueva York por medio de la opción de clasificación por tiempo, sin embargo; mi lugar no estaba asegurado y no lo daba por sentado hasta que me llegara el mail con la confirmación, misma que llegó a finales de febrero. Recuerdo que en años anteriores veía difícil lograr clasificar a él ya que los tiempos que te piden son más exigentes que el propio Boston y cuando lo logré fue algo sorprendente.

Cada maratón es distinto y los comentarios que recibí acerca del maratón de Nueva York son muy diferentes y todo esto en relación al resultado que obtuvieron los corredores en su carrera. Me habían dicho que era ÉL maratón, que su porra y ambiente eran increíbles, que era muy difícil, que te exigía mucho y si no te controlabas te cobraría factura en los últimos kilómetros.  Ninguno de los comentarios fueron motivos para que me angustiara, ni que me preocupara; soy de las corredoras que no revisa la altimetría de la carrera ni las zonas por las que se corre, soy de las que prefiere y anhela verse sorprendida ante estos comentarios, de las que les gusta conocer una ciudad y a su gente corriendo, así que decidí seguir preparándome con la misma mentalidad que maratones anteriores.

Empecé a entrenar para Nueva York a partir de agosto; después de Tangamanga decidí tomar un mes de recuperación y acompañar a mi novio en algunos entrenamientos para su ultra maratón en Tahoe. El entrenamiento fue diferente, quería seguir cuidando mi pierna derecha (quitarme el miedo aún y cuando ya no haya lesión me ha costado más tiempo que el que tenía pensado), algunos días nadaba y otros más los complementaba con ejercicios de fuerza.  La mayoría de veces corrí en banda por cuestiones de tiempo y practicidad, pase de aborrecerla a hacerla mi aliada y amiga; incluso logré correr 16kms continuos en ella, cosa que nunca había pasado por mi mente. Aun así sigo disfrutando mucho más correr en los parques, montañas, calles y en la pista.

IMG_5362Mis distancias largas las hacía fuera del gimnasio y en compañía de mi novio, pues él también se estaba preparando para dicho maratón. El lugar variaba dependiendo el tipo de terreno, ritmo y entrenamiento que se tenía que realizar. Unos de mis favoritos fue el que hicimos en Acapulco, con variantes de ritmo y en diferentes tipos de terreno y también la carrera de 25km de trail de Transnavajas.

 

Rumbo a Nueva York

La noche previa a partir empaqué mis cosas, busqué un par de pants y chamarras que ya no usara y que me sirvieran para combatir el frío en la espera el día de la carrera, pues no quería que me pasara lo que en mi segundo maratón (Boston 2015). Verificando que no fuera a omitir algo importante para la carrera me dispuse a dormir y así fue como partimos el 31 de octubre, un día antes de la apertura de la exposición.

Llegamos al aeropuerto a la 1 de la tarde, sin embargo tuvimos que hacer espera de una hora para poder pasar migración. En la fila podíamos ver en su mayoría a corredores de diferentes países, todos ellos con tenis y con playeras o chamarras de carreras o maratones de todo el mundo.

Cuando llegamos al hotel descansamos un poco, sólo pudimos ir a comer y a ver el desfile de Halloween. Al día siguiente fuimos a trotar a Central Park y vimos calentando a los corredores elites, tan sólo de verlos me emocioné muchísimo y justo en ese momento es cuando te vas haciendo más consiente que en pocos días correrás el mismo maratón que ellos. Unos kilómetros más adelante una pareja de corredores nos rebasa y Lalo me dice: -¡es Barrios! no dudé para nada y le grité: ¡Venga Barrios!, al escucharlo voltean la pareja, me sonríe y me da las gracias para responderle con un ¡Vamos México!

IMG_7110Con las emociones a tope y después de desayunar fuimos a la expo del maratón. Desde que llegas al Centro de Convenciones puedes ver todo muy bien organizado, el staff y voluntarios muy atentos, incluso a mi novio le aplaudieron cuando le entregaron su número y le preguntaron si sería su primer NY. Ese tipo de detalles son los que se quedan en tu memoria y te hacen sentir más motivado.

Posteriormente fuimos a Soho y al One World Observatory para conocer un poco.

El viernes decidimos andar en bici por Brooklyn y en la noche ir al desfile de países. El ambiente que se vivió fue espectacular, lleno de mucha magia y emociones al ver a muchos corredores reunidos en el punto con el que soñábamos desde hace muchos meses y que estábamos a tan sólo 2 días de conseguirlo. Sí, la meta… esa meta que nos inspira y nos une a todos los que corremos.

Sábado 03 de noviembre.

Amaneció lloviendo y un poco más frío, sin embargo el pronóstico como días anteriores se mostraba optimista para el día siguiente. No dudamos y salimos a encontrarnos con nuestro amigo Mike, con el cual habíamos quedado de realizar nuestro shake out run.

En el punto de reunión vimos también a Chema y nos enfilamos los cuatro a trotar por Central Park. Ahí platicábamos de cómo les había ido en su viaje, de las expectativas que tenían y de nuestro sentir por estar a horas de correr un gran maratón.

El trote fue corto pero nos encantó vernos y transmitirnos buena vibra, nos despedimos y regresamos al hotel. El resto del día lo pasamos descansando, hidratándonos, viendo televisión y durmiendo un poco. Sólo salimos por la tarde a comer a un lugar cercano y regresamos para hacer los preparativos de nuestra ropa, comida y cosas que nos llevaríamos la mañana siguiente.

Domingo 04 de noviembre

Después de sonar la alarma a las 4:30 am me levanto, comienzo a vestirme y a comer la avena que había preparado un día anterior. En las noticias se habla del maratón e informan que será un gran día para correrlo pues se espera un día soleado, por lo mismo dudo en ponerme dos pants, pero terminé poniéndomelos. Minutos después de verificar que no se nos olvide nada antes de salir del hotel nos dirigimos caminando a la Biblioteca Pública de Nueva York de donde partían los autobuses que nos llevarían a Staten Island. Y conforme vamos acercándonos a punto de partida de los autobuses nos vamos topando con más y más corredores. La sorpresa que tuvimos fue que al llegar al lugar vemos que la fila para tomar el autobús era enorme pero no nos queda de otra más que formarnos y esperar nuestro turno para abordar.

Cuando nos subimos al autobús sentí un alivio, pues llegue a pensar que llegaríamos tarde (nervios de corredor), pero pues no por nada nos citan a las 5:30 (todo lo tienen planeado). En el camión los corredores van platicando, desayunando, hidratándose y dormitando un poco. Yo miraba por la ventana, intercambiaba palabras con Lalo y por momentos cerraba los ojos mientras escuchaba la plática de los corredores que estaban delante de mí. Ahí nos amaneció y llegó un momento en el que se hizo tráfico, nos empezamos a poner ansiosos, incluso iban al baño los corredores pero después de unos minutos pudimos ver que estábamos llegando a la villa, fue imposible no sonreír, sentir más emoción y mucha emoción.

Al bajar del autobús hicimos fila para pasar por un control de revisión. En el lugar había muchos policías resguardando y con perritos que pasaban a nuestro alrededor. Aun así nos saludaban y deseaban la mejor de las suerte a cada uno de nosotros, incluso se ofrecían a tomarnos fotos. Después de pasar la revisión fuimos directo a la zona verde que nos correspondía para acceder a nuestro corral, y decidimos pasar al baño debido a que la fila ya se estaba haciendo larga.

Posteriormente buscamos un lugar seco y agradable donde pudiéramos sentarnos y que al mismo tiempo nos diera un poco de sol para calentarnos.  Mientras esperábamos a Mike nos acostábamos por ratos, tomábamos agua y disfrutábamos el estar ahí. La espera no fue tan larga conforme me lo habían platicado que sería, lo único malo es que no habíamos dado con los bagels y comida  pero en cuanto llegó Mike nos tomamos una foto y Lalo nos acompañó a nuestro bloque de salida para posteriormente él dirigirse al suyo.

En nuestro bloque pasamos por última vez al baño y enseguida comenzaron a acercarnos a la línea de salida. Ahí pudimos calentar un poco mientras iban presentando a algunos de los corredores elites, después se entonó el himno nacional de Estados Unidos. Fue en ese momento en el que me quité los pants que traía, alisté mi reloj y de repente por fin se me hizo escuchar la canción de New York, New York, sí a unos minutos de empezar a correr. Ahí nos deseamos lo mejor unos mexicanos que estábamos cercanos y al escuchar el disparo de salida nos enfilamos con una sonrisa.

Mike y yo comenzamos más o menos juntos compartiendo los 2 primeros kilómetros del primer puente y después nos separamos para hacer cada uno su propia carrera. Ahí la señal del gps no funcionaba por lo que teníamos que correr por sensaciones; me sentía bien y cuando el reloj marcaba el ritmo no me asustaba al ver que aparentemente iba muy despacio, confié en mí y seguí. Al salir del puente me quité la chamarra que me había dejado pues sentía que el aire ya no me pegaba tan fuerte. Fue hasta una vuelta en una calle donde nos juntamos con los corredores que habían salido por la parte de arriba del puente y ahí mismo es donde la gente nos estaba esperando para animarnos (sobra decir que sonreí).  Continuamos corriendo y fue hasta el reloj que ponen en el kilómetro 10 cuando verifique que el tiempo que llevaba fuera el correcto.

Sentía mi corazón contento y mis piernas fuertes, no sentía molestias, disfrutaba ver lo alto de los edificios, chocar las manos de los niños que estaban ahí, pensaba en Lalo mientras corría y sonreía. En cada puesto de hidratación tomaba agua y agradecía a los voluntarios.

829784_1032_0021Conforme transcurrieron los kilómetros el calor se sentía más rico, sin embargo no me quité mis guantes, sólo por momentos uno para poder abrir mis geles. Al llegar al km 21 pensé en mis papás, me los imaginé viendo la pantalla del celular y emocionándose conmigo. Seguimos corriendo y la porra siempre estaba presente, sólo en el barrio judío había como 4 personas echando porras e incluso recuerdo como algunos corredores esquivaban a un judío que cruzaba por nuestro camino.

En la ruta había música de todo tipo (rock, pop, blues, cumbia), yo bailaba con la cabeza y los brazos. Me cargaba de energía de la gente y cada vez que veía una bandera de México gritaba y alzaba el puño, de hecho me sorprendió la cantidad de paisanos que había en la porra. En el trayecto corrí unos pasos con un mexicano vestido con su taparrabos, penacho y manto con la virgen María; también vi a un chico corriendo descalzo.

Cuando llegué al kilómetro 30 me dije sólo un cuarto más y seguí mi andar, creo que por ahí vi el único abastecimiento de geles de toda la ruta. Más adelante y en una calle de subida me encontré con Luis Septien (corredor del equipo Exodus), me acerqué, lo saludé y le dije que nos fuéramos juntos. Me echó porras y no se imaginan el ánimo que me dio para seguir corriendo, creo que me emocioné un poquito y apreté mi paso un poco más de la cuenta, pero disfruté mucho ese momento.829773_1092_0012

Después de unos minutos estábamos en Harlem y me encantó ver al coro de góspel en una de las esquinas de la calle. El momento fue breve pero se me quedó grabada la imagen de ellos cantando con esa fuerza y ese sentimiento tan puro, me sentía más llena de energía al escucharlos.

Seguí corriendo y de repente sentí dolor en mis pies pero no le di importancia, sabía que estábamos a punto de llegar a Central Park, me distraía con la gente, sólo al llegar a uno de los parques más famosos del mundo y saber que estaba tan cerca se me cruzó por la mente detenerme un momento pero no lo permití y continué, mi ritmo bajó pero era un hecho que no me faltaba nada. Al estar a tan sólo 400 metros y al ver la línea de meta y el reloj traté de apretar el paso con las fuerzas que me quedaban y con el puño en alto llegué, sonreí y grité, nuevamente lo había logrado haciendo mi segunda mejor marca.

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Muchos sentimientos pasaron por mi mente, pero ahora sólo me recuerdo sonriendo al mismo tiempo que caminaba por mi medalla. Sí, esa medalla por la que uno se prepara por meses y con la que sueña tenerla colgada en su cuello. Al tenerla en mis manos la sonrisa se hizo más grande pues el sueño se había materializado.

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La prueba de que sí corrimos juntos mi amigo japonés Jun Yu 😀

Unos pasos adelante me alcanzó un corredor japonés, me felicitó, me dijo que trató de seguirme y que eso lo ayudó. Por mi parte le respondí que no me había percatado pero que me daba gusto y lo felicité.

Nos despedimos y continué caminando hasta llegar por mi poncho, de ahí me fui a acostar a una banca y a estirarme un poco, después me hidraté un poco y comí una manzana mientras iba siguiendo en la app a Lalo y a Mike. Ahí envié mensajes a mi familia y amigos.

Minutos después Lalo me envió un mensaje diciéndome que ya había terminado, le dije donde lo estaba esperando y al llegar nos abrazamos, felicitamos y platicamos un poco de lo ocurrido. Nos tomamos unas fotos y nos fuimos caminando al hotel.

En la noche después de haber descansado un poco nos fuimos a cenar pizza y a echar chelita con Mike para platicar más sobre el maratón. Todos coincidimos en que está rudo pero increíble y que nos gustaría repetirlo en alguna ocasión.

Con Nueva York cierro mi ciclo de recuperación mental, mis temores y miedos de lesiones se quedan atrás. Sí, seguiré cuidándome y fortaleciéndome más pues no saben cuánto amo correr. Este deporte me ha dejado muchísimo y espero poder seguirlo haciendo por muchos años más.

Gracias a mi familia y amigos que estuvieron siguiéndome en la aplicación, sus porras y buena vibra me llegaron y juntos logramos llegar a esa meta. También gracias a Emilio y al equipo EVEN que se animaron a entrenarme faltando tan sólo 3 meses, pero sobre todo por creer en mi.

Maratón de Tangamanga, San Luis Potosí.

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maratón / San Luis Potosí / Tangamanga / team work

Las opciones de correr un maratón este año se iban reduciendo con el paso de las semanas de febrero, habían transcurrido varios meses sin poderme sentir cómoda al correr, de ahí que nos decidiéramos por el Maratón Internacional de Tangamanga en San Luis Potosí. Debido a que se lleva a cabo a finales de junio pensaba que tendría el tiempo suficiente para recuperarme lo mejor posible, sin embargo, no contaba con que a mi lesión le costaría demasiado tiempo la recuperación. Tuve que reemplazar el correr con nadar y con ejercicios de fuerza, hasta que poco a poco fui incorporando pequeños trotes.

Fue hasta finales de abril cuando pude empezar con el entrenamiento en forma para el maratón. Lo más duro y difícil eran los días de pista ya que sentía que no contaba ni con la condición física ni con la confianza en mi pierna derecha, pero gracias a mi amigo Jonás y a mi novio pude hacerle frente a esos días.

Ellos siempre estaban ahí dispuestos a jalarme y darme ánimos sin que yo se los pidiera, sacábamos juntos nuestras distancias y repeticiones en la pista. Recuerdo que en una ocasión en Cuemanco ellos estaban fijando el ritmo progresivo al que sacarían su entrenamiento y yo les dije que iría atrás de ellos, sin embargo comenzamos juntos y conforme fueron transcurriendo los kilómetros me iban diciendo que iba bien y que aguantaría el siguiente cambio de ritmo, así sucesivamente hasta que pude terminar mis 22 kilómetros. Sobra decir cómo me sentí, pues ellos me brindaron la confianza necesaria para sacar no sólo esa distancia, sino todas las siguientes.

Poco a poco me fui sintiendo más fuerte y con mejor condición, me hubiera encantado terminar todo el ciclo de entrenamiento con ellos pues hacíamos un trío perfecto, pero Jonás tenía que continuar con su preparación a los objetivos qué él buscaba. Además de que los entrenamientos ya no podíamos empatarlos. Así es como ese trío se transformó en dupla. Dupla que había elegido correr ese maratón juntos, la que quería lograr la marca de Lalo en equipo, y la misma que quería vencer fantasmas del pasado, pero sobre todo la que quería disfrutar y vivir la experiencia unidos.
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Con los objetivos en mente esperábamos cada sábado sacar la distancia al ritmo que nos pedía el entrenador, algunas veces corríamos un poco más tarde para irnos preparando a los posibles tipos de clima que podría tocarnos en Tangamanga, otras veces más temprano pero siempre con actitud positiva. Únicamente la distancia más larga que teníamos programada la hicimos por separado, él 30 y yo 28 kms, debido a que Lalo se enfermó pero creo que sirvió para que pudiéramos trabajar por separado nuestra mente.

Semana del maratón.

Conforme los días iban avanzando, la emoción, adrenalina y nervios se hacían presentes. No sabíamos que clima esperar pues en esos días había llovido mucho, incluso el viernes que partimos hacia Querétaro en pleno camino en carretera nos agarró una tormenta y el pronóstico del clima marcaba para el domingo sólo una nubecita.

En Querétaro, nuestros amigos Lupita e Iván nos esperaban, pues semanas antes se habían ofrecido a acompañarnos a San Luis Potosí para ayudarnos a manejar. Acordamos partir hacia San Luis el sábado por la mañana, después del partido de México, por lo que pudimos descansar lo suficiente.

Llegamos al hotel cerca de la 1:30 pm y después de habernos registrado salimos a recoger nuestro número de corredor al Centro de Convenciones, la exposición estaba muy tranquila y el staff fue muy amable. Después de tomarnos unas fotos y comprar algunos recuerdos, fuimos a comer a un lugar muy rico y tranquilo, de ahí sólo fuimos a un parque para regresar temprano al Hotel para descansar, relajarnos y alistarnos para el día siguiente.01

24 de Junio, día del maratón.

Suena la alarma a las 5 am, me levantó y comienzo a alistarme. Voy comiendo un poco de avena mientras me visto, preparo la mochila con la ropa que usaremos después de la carrera, reviso que no se nos olvide nada, termino de peinarme y bajamos a la recepción del hotel, Iván ya nos esperaba y nos pregunta que si ya estamos listos. Afirmamos y nos ponemos en marcha hacia el parque Tangamanga I. Llegamos y la entrada ya está cerrada para el paso vehicular por lo que nos despedimos de Iván, el cual nos desea suerte y caminamos rumbo al Planetario donde estaba marcado como punto de salida y meta, bueno en realidad seguimos a los corredores que iban delante de nosotros. Mientras caminábamos y buscábamos el guardarropa Lalo me preguntó si estaba nerviosa, le dije que sí mientras veíamos a algunos corredores trotando y haciendo ejercicios de calentamiento. Después de un rato decidimos preguntar a alguien del staff por la ubicación del guardarropa, nos contestó que no había y como no lo creíamos preguntamos a alguien más y nos confirmó que en efecto no contaban con un lugar para dejar las cosas. ¡No lo podíamos creer!, pensamos dejar la mochila escondida en un árbol pero Lalo prefirió encargársela a un chico que estaba en un stand de la carrera, nos dijo que no nos preocupáramos y que nos deseaba suerte.

A tiempo pudimos llegar al acceso del corral y pudimos calentar un poco, después de unos minutos se quitaron las divisiones de los bloques. Ahí conocimos a “El Güero”, un señor como de unos 60 años con su cabello canoso que de la nada comenzó a darle masaje en los hombros a Lalo para después continuar conmigo, mientras que Lalo a la vez le devolvía el gesto de la misma forma. En ese momento me preguntó que cuanto correría ya que había varias distancias 5, 10, 21 kms y maratón. Le contesté que el maratón y me respondió eres de las mías y me abrazó.

La organización del maratón después de dar las palabras de bienvenida a los corredores siguió con los honores a la bandera para continuar con el ansiado disparo de salida. Todos los participantes empezaban a tomar sus ritmos de carrera, después de unos metros Lalo y yo estábamos corriendo juntos y ajustando el paso al ritmo indicado por el entrenador, teníamos el objetivo claro así que empezamos a disfrutar, le dije: recuerda que Jonás está corriendo con nosotros los primeros 15 kilómetros (pues él y otro amigos estaban corriendo una carrera al mismo tiempo).

Los 5 kilómetros iniciales fueron en el interior del parque, corrimos en medio de árboles y pudimos respirar su frescura. Posteriormente el recorrido marcaba que sería por las calles principales de la ciudad, fue ahí donde nos fuimos haciendo espacio mientras vigilábamos que el ritmo de carrera fuera el correcto. Cada que pasábamos por algún abastecimiento de agua nos hidratábamos y si era posible tomar una bolsita más de agua por si alguno se nos había pasado. También cada que pisábamos un tapete le decía a Lalo que estábamos mandando una señal a nuestros amigos y familiares que nos seguían desde la app del maratón.

Encontramos muy poca gente de porra durante el trayecto, podría decirse que es un maratón algo solitario, sin embargo lo iba disfrutando y cada que alguien nos animaba les respondíamos de la misma forma, todos emocionados y con la adrenalina a tope. No hacía falta preguntarle a Lalo cómo se sentía pues su respiración la sentía muy controlada, sólo en ocasiones nos decíamos más despacio o no te emociones para mantener controlado el ritmo y así es como llegamos al medio maratón después haber recorrido el interior del Parque Tangamanga II. El tiempo iba conforme lo habíamos planeado y nos sentíamos bien aún y cuando la humedad se empezaba a sentir más conforme el calor iba aumentando, sabíamos que lo que venía iba a ser lo más pesado al traer kilómetros en las piernas.

En el kilómetro 27 un señor me dijo que iba en quinta, no podíamos creerlo y continuamos hasta que de nuevo me repitió lo mismo otra persona, pero fue hasta el kilómetro 28 cuando alcanzamos a ver una corredora delante de nosotros y Lalo empezó a apretar el paso, le dije que iba rápido que mantuviéramos nuestro ritmo y recordara cuál era nuestro objetivo principal, sin embargo, un kilómetro después rebasamos a la corredora. Al pasar el kilómetro 30 le dije que sólo nos faltaba un cuarto y unos pasos después recordé que en Berlín sólo había podido llegar a ese kilómetro trotando, se me cortó la voz al momento de decirle a Lalo ya pasamos el 30 y aún sigo corriendo, él me contestó con una sonrisa “eres fuerte y vamos muy bien”, como pude me controlé para seguir.

Al llegar al kilómetro 36 Lalo contuvo un poco más el paso le dije venga ya nos falta muy poco, me pidió de favor que no me dejara alcanzar por la otra chica y que siguiera, le dije está bien pero tú aférrate y no te quedes, tómate otro gel. Seguí pero iba volteando para cerciorarme de que él estuviera cercano a mi, lo que no teníamos previsto era que nos esperaban unas subidas, en la última me dieron ganas de pararme pero sabía que no podía hacerlo pues Lalo venía atrás, así que disminuyendo el paso logré subirla y enseguida estaba la bajada, mis músculos lo agradecieron, ahí recuperamos un poco el ritmo y gracias a unas señoras que se encontraban en un cruce me reanimaron con agua mineral que me supo a gloria, pues es la primera vez que la tomaba en una carrera. Enseguida dimos vuelta en una avenida para tomar la lateral y ahí perdí de vista a Lalo pero iba repitiendo como mantra: Venga Lalo, tú puedes. No tenía idea a que ritmo estaba corriendo pues mi reloj se había vuelto loco a partir del kilómetro 28 y sólo nos habíamos guiado con el de él, así que sólo seguí sintiendo mi cuerpo hasta que metros después llegamos al parque Tangamanga I, sabía que la meta estaba en un par de kilómetros así que continué y me dijeron vas en tercero, no lo creí hasta que llegué a la recta final y escuché mi nombre, ahí apreté el paso hasta que pude ver el reloj, levanté los brazos, crucé la meta, contesté unas preguntas a un juez y me volteé enseguida para ver a lo lejos a Lalo en su última recta, le grité lo más fuerte: ¡cierra Lalo!, ¡ahí lo tienes!, ¡ahí lo tienes! Y sí, cruzó la meta con los brazos en alto y logrando su objetivo, me acerqué a él, nos abrazamos le dije lo lograste y me respondió no es cierto, lo logramos y abrazados nos fuimos caminando a recoger nuestra medalla para posteriormente tirarnos en unas colchonetas a descansar, estirarnos y refrescarnos del calorón. Terminamos Tangamanga con la cara y el cuerpo salados, cansados pero con la alegría y satisfacción de haber corrido un maratón más juntos.

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Este maratón fue muy especial, no sólo por la superación de mi lesión sino por el hecho de correrlo con Lalo. Él era mi motivo de recuperación, quería ayudarlo con todas mis fuerzas a lograr su objetivo pero en realidad él fue quien me ayudó más al no dejarme vencer y siempre creer en mi.

También quiero agradecer muchísimo a la pieza clave de ese trío perfecto que consolidamos en esta travesía a Tangamanga. Jonás, muchas gracias no sólo por entrenar con nosotros sino por estar ahí siempre. Te queremos mucho, carnalito. Una vez más me demostraste el significado de la amistad.

Gaby y Memo ustedes siempre han estado apoyándonos desde hace casi un año que nos conocimos. En verdad, gracias por su buena vibra y su preocupación en todo momento y sabemos que nos estuvieron siguiendo en la app. Maw también muchas gracias por entrenar conmigo y mandarnos buena vibra, por insistir en que fuera con Sofi a terapia. También gracias a ella porque no sólo fue nuestra fisio sino mi piscóloga cuando estallaba en crisis.

Por último, con este maratón cerramos una grandiosa etapa en Dromo, nos quedamos y nos llevamos lo mejor de cada persona que lo compone y estamos seguros que seguiremos compartiendo kilómetros y carreras. Los queremos y deseamos lo mejor siempre.

Tania E.

SAL A VALLE RELAY 120km (Ixtapan de la Sal – Valle de Bravo)

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Relevos / SAV / team work

Hace un año me quedé con las ganas de participar en esta carrera debido a un maratón que tenía en puerta, sin embargo este año pude lograrlo gracias a que Silvia me invitó a participar en el equipo femenil que pretendía formar con corredoras del equipo (Dromo) en el que estamos. Sin embargo, por diversas circunstancias 2 integrantes de nuestro equipo decidieron no participar por lo que tuvimos que cambiar el equipo a mixto, tan sólo a 2 semanas del evento, lo cual no nos importó pues nuestra idea era pasarla bien en la carrera y dar lo mejor. Desde ese momento sabíamos que lucharíamos por estar en el podio, no nos importó que fuéramos 4 mujeres y 1 hombre.

Como dato curioso nuestro nombre del equipo (STARZ) no sufrió alteraciones, tal parece que el destino tenía planeado que cada letra que lo componía fuera la representación de cada integrante:

Viernes 16 de febrero.

Partimos juntos a las 3pm rumbo a Ixtapan de la Sal, todos animados, ansiosos y felices porque la aventura comenzara. Durante el camino, volvimos a analizar los segmentos, hicimos algunos ajustes de la estrategia que habíamos planteado días antes, mientras platicábamos entre nosotros.

El tiempo pasó rápidamente y cuando menos lo esperamos ya estábamos en el hotel. En la recepción nos dieron la bienvenida, nos registramos y nos dieron nuestra black box y stickers para decorar la camioneta. Con el material en la mano nos fuimos a alistar nuestros cambios de ropa para la carrera para posteriormente reunirnos en una habitación y abrir la caja para ver su contenido, que aunque más o menos sabíamos que sería nos tenía emocionados.

Posteriormente bajamos a la recepción para adornar la camioneta, no sin antes saludar a nuestros amigos de Dromo. Todos compartíamos la misma cara de felicidad y emoción, pues para la gran mayoría era nuestra primera carrera de relevos.

Al término de la reunión de bienvenida de Sal a Valle pudimos cenar y pasar un tiempo con los demás equipos. Nosotros estábamos con las dudas de cuántos equipo mixtos había y queríamos saber quiénes eran para saber con quiénes nos enfrentaríamos al día siguiente, pero sólo pudimos percatarnos de algunos por lo que la competencia sería una sorpresa.

Sábado 17 de febrero.

A las 3am sonó la primera alarma para empezar a despertarnos, pero fue hasta la tercera que nos levantamos Gaby y yo para alistarnos. Conforme iban transcurriendo los minutos se empezaba a escuchar agua cayendo de las regaderas y cuando dieron las 4 de la madrugada nos enfilamos hacia el lobby para reunirnos con las chicas de nuestro equipo, entregar nuestra llave y comer alguna fruta mientras esperábamos a Jonás.

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En la línea de salida.

Después de un rato y ya con Jonás a nuestro lado partimos a nuestra camioneta y nos enfilamos junto con Ricardo (nuestro piloto) hacia el punto de salida. Fuimos de los primeros equipos en llegar y pudimos ver como los demás equipos iban llegando y se iban alistando. En nuestro equipo Regina había decidido ser la primera en empezar, por lo que empezó a calentar junto con otros corredores mientras llegaba el momento de salida.

El disparo se dió a las 4:45 de la mañana y todos los corredores salieron volando por lo que en un par de minutos todos estábamos en nuestras camionetas dirigiéndonos al siguiente punto de relevo, pues los organizadores de SAV recomendaron que los primeros 3 puntos se corrieran conforme a el libro negro, debido a los vehículos. De ahí que Ricardo se apresuró y pudimos echarle porras no sólo a Re sino a todos nuestros amigos. El ambiente era increíble y mientras esperábamos a que llegaran Sil empezó a calentar y los demás nos fuimos rápidamente al baño pues los nervios se apoderaron de nosotros y regresamos justo segundos antes de Re pues todos volaron en esa bajada y lograron hacer PR en 5kms.  Nuestro segundo relevo sería Silvia que salió decidida y segura de lo que haría, mientras tanto la cara de Re lo decía todo, estaba encantada y nos comentó que se sintió famosa por unos minutos, ya que todos les aplaudíamos mientras pasábamos a su lado. Conforme íbamos avanzando les íbamos echando porras a los corredores y más al ver lo difícil que estaba ese segmento, pues eran muchas subidas, Sil se aventó ese tramo como toda una guerrera y le cedió el turno a Jonás quien iba a rifarse la parte de “trail” que había.  De la misma forma fuimos avanzado en la camioneta pero en esta ocasión ya no vimos a nuestro corredor y decidimos llegar al punto de cambio pero después de un rato y al ver que no llegaba nos fueron diciendo otros corredores que no lo habían visto y que probablemente se había perdido pues a varios les había ocurrido, entonces decidimos regresar, preguntar y buscarlo. Como estaba oscuro nos empezamos a preocupar, temíamos que algo le hubiera pasado, sin embargo dimos con él unos minutos después y al verlo Gaby se bajó en friega para hacer el cambio y correr mientras que Jonás se subía y nos contaba que efectivamente se había perdido y que había tenido que hacer una escala técnica. Él sentía que nos había fallado pero le respondimos que no se preocupara que a muchos les había pasado y que ahorita recuperaríamos lugares.

Decidimos parar en el mismo punto en el que originalmente íbamos a esperar a Jonás para seguir con el plan y debo confesarles que tenía un poco de miedo pues era mi turno y no sabía cómo iba a responder mi pierna, pues era mi primer carrera después de 6 meses de haber estado en la banca, así que no sé si la adrenalina o la situación por la que estábamos pasando que en cuanto Gaby chocó mi mano despejé mi mente y me enfoque en correr y ver en donde pisaba pues todavía estaba un poco oscuro aún y cuando empezaba a amanecer. Esos kilómetros marcaban el comienzo de una nueva etapa por lo que al subirme de nuevo a la camioneta me dije de aquí para adelante Tania.

Poco a poco fuimos recuperando posiciones y siempre nos íbamos echando porras, estábamos felices y con el transcurso de los relevos nos fuimos percatando de quiénes eran equipos mixtos.

Era impresionante la buena vibra de los demás equipos, apoyándonos, chocando nuestras manos y animándonos a seguir cada vez que corríamos. En lo personal me emocionaba ver a mi equipo dando su mejor esfuerzo y verles su cara de satisfacción al subir a la camioneta.

Ricardo hizo un grandioso trabajo, siempre estuvo al pendiente de nosotros, nos cuidó, motivó, guió e impulsó a luchar en todo momento, incluso cuando el equipo rival con el que nos aventamos la disputa por el “liderazgo”, (eso es lo que pensábamos)  prácticamente todo el recorrido ya se nos había adelantado sospechosamente un gran tramo. En ese momento nunca nos desesperamos y fue cuando decidimos replantear bien la estrategia y luchar con todo. Poco a poco fuimos recuperándonos y acercándonos a ellos hasta que se dió el grandísimo rebase, pero decidimos no aflojar y seguir así hasta terminar.

La adrenalina estaba con todo y decidimos ir por el equipo femenil puntero, que aunque no era nuestro rival queríamos ganarles y ellas también decidieron entrarle a la pelea. Hubo un momento en el que llegamos a una intersección y vimos que su corredora había tomado camino contrario y al haber confirmado que estaban en dirección contraria no lo dudamos y les gritamos a sus compañeras que se había equivocado su corredora, mientras que nosotros seguíamos nuestro camino, pues ante todo está el compañerismo.

En ese segmento las subidas estaban súper rudas, pero aun así seguíamos dándolo todo. Conforme íbamos avanzando las distancias que hacíamos eran más pequeñas pero a ritmo, con la finalidad de ir conservando y/o aumentando la distancia respecto a los demás equipos.

Del último trayecto sólo recuerdo que subíamos y bajábamos, ya no nos preguntábamos en cuál kilómetro íbamos, todos estábamos enfocados en lo que hacíamos y con mucho entusiasmo de dejarlo todo en cada zancada, pues nuestro equipo nos respaldaba en todo momento con palabras de ánimo.

También recuerdo que me tocó la última subida y de ahí fue todo de bajada hasta que dimos a la izquierda para entrar a Rancho Avándaro. Y llegando a el punto en que podían bajar todos los corredores del equipo, sin duda alguna lo hicimos y nos enfilamos unos delante de otros sonriendo, porque habíamos quedado que el que todavía tuviera fuerzas cerrara y así es como después de poco más de 9 hrs y 15 minutos llegamos a la meta los 5.

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Al pasar la meta me fue inevitable gritar y saltar como loca, nuestros amigos de Dromo nos recibieron de una grandiosa forma y en cuanto cruzaba cada uno de nosotros ese arco nos abrazábamos, pero fue hasta que estuvimos los cinco que nos fundimos en uno sólo y nuestros brazos se elevaron, estábamos muy satisfechos de nuestro desempeño. Las felicitaciones no se hicieron esperar y nos enteramos que habíamos quedado en segundo lugar de mixtos, mientras que felicitábamos a nuestros demás compañeros y amigos.

Fue difícil resumir en unas cuantas líneas todo lo vivido en esos 120 kilómetros pues atravesamos muchas sensaciones y momentos (frío, calor, sed, dolor de estómago, paradas al baño, risas, música, porras, comida, confusión, diversión, medicina, alegría, temor, fuerza, perros, paisajes increíbles, felicidad, unión, etc.). Sin embargo después de haber escuchado un poco de las historias de otros equipos puedo decir que STARZ nunca se presionó, dejamos que todo fluyera y que nuestra vibra nos llevara de Ixtapan de la Sal a Valle de Bravo de la mejor forma posible.

Gracias Silvia, por reclutarme en tu equipo, apreciarme tanto y sacar tu lado guerrero aún y cuando te lastimaste la espalda el viernes. A ti Re por confiar siempre en el equipo, tener esa visión de triunfar y por siempre echarnos porras. A Jonás y a Gaby un agradecimiento enorme por ponerse la camiseta del equipo en tan poco tiempo, me demostraron que los amigos están presentes siempre.

STARZ se la rifaron y brillaron de una forma inigualable y quien dice que en una de esas nos reunimos el próximo año.

Fotos: Eduardo Valdés, Desiree Nelles,  Jonathan Vera, Silvia Zarate y Alejandro Márquez.

Para México

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Berlín / Correr / Dromo / Lesiones / Major / maratón / Mente

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Puerta de Brandemburgo.       Foto: @eduardov

Hace más de un mes de haberse corrido el maratón de Berlín, sin embargo apenas pude escribir lo que viví.

Enojo, frustración, impotencia y tristeza son algunos de los sentimientos por los que atravesé conforme se acercaba el día del maratón después de haberme lesionado. Una semana antes del evento había tomado la decisión de no correr el maratón y de acudir como porra, sin embargo días antes de partir tembló en nuestro país el cuál movió nuestros planes y sentimientos. En mi caso, al saber la magnitud de lo ocurrido me sentía mal de irme y dejar a mi país en tal situación, sin embargo los planes y gastos ya estaban hechos así que creí que la mejor forma de rendirle tributo era correr ese maratón y dedicárselo.

24 de septiembre 2017

Una mañana fría y lluviosa era el escenario con el que amanecíamos y con el que tendríamos que recorrer esos 42.195 km; sin embargo el clima no fue un factor para que el ánimo decayera entre Jonas, Lalo, los Gabos y yo; el día había llegado y lo veíamos reflejado en las caras de los corredores que nos topábamos en el metro.

Al llegar a la puerta de Brandemburgo no sabíamos lo que iba a suceder en las horas siguientes lo único que teníamos bien claro era que cruzaríamos esa puerta para llegar a la meta.

Después de unas fotos y desearnos lo mejor nos dirigimos a nuestros respectivos corrales de salida y fue en ese momento al verme sola cuando sentí por primera vez miedo, no sabía si podría terminar el maratón, pero duró poco ese sentimiento al dar los primeros pasos después del disparo de salida y al recordar el por qué de mi decisión.

Así es como comenzó Berlín y cada vez que veía una bandera de mi país entre la porra o cuando me cruzaba con algún paisano los animaba con un ¡Vamos México!. Y fue poco antes del kilómetro 10 cuando me alcanzó Lalo, me dijo: ¡Venga México! y me sonrió. Corrimos unos metros juntos, le dije que estaba bien y que siguiera; segundos después lo ví alejarse y no pude evitar sonreír hasta concentrarme en mantener un ritmo tranquilo.

Los kilómetros transcurrieron rápidamente entre sonrisas, porras y chocar las palmas de los niños, cuando menos lo pensé ya estaba en el kilómetro 20 y después me ví cruzando el medio, pero fue hasta el kilómetro 26 cuando empecé a sentir una leve molestia por lo que bajé un poco más el ritmo sin embargo me echaba porras y trataba de enfocarme en la gente que estaba apoyándonos pero lamentablemente el dolor iba en aumento, mi cuerpo me estaba diciendo que mi carrera había terminado así que lo escuché, lloré un poco y paré en el km 30 pero mi corazón y mis ganas me pedían cruzar esa meta así que decidí caminar sin importar el tiempo.

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#CrewLove Foto: @nell0k

Recuerdo a la gente animándome y preguntándome si estaba bien, yo les sonreía y agradecía cada muestra de su apoyo, así es como llegué al km 36 y ví a una porra muy grande de los crews de Berlín (Entre ellos Run Pack Berlin y Berlin Braves). Un chico al verme caminando se acercó a mi y me dijo que no llorara, que maratones había muchos y que yo era más fuerte y que llegaría a la meta. Sus palabras fueron muy sinceras tanto así que todavía las recuerdo.

Seguí mi camino lentamente hasta llegar a una zona de masajes donde María (compañera Dromo) al verme sentada en una camilla se acercó y me preguntó que podía hacer por mi, a lo cual le contesté entre sollozos: ¡Llega a la meta! Me abrazó y me dijo eres mi héroe.

Isa apoyándome en plena ruta.

Isa, apoyándome en plena ruta.

Después de esto seguí mi camino hasta toparme con Isa y Carlos ( nuestra porra), los cuales al verme corrieron hacia a mi, me abrazaron y me pusieron sus chamarras, me preguntaron si quería continuar y les dije que sí, que tenía que llegar a la meta, no lo dudaron y me acompañaron esos últimos kilómetros, no paraban de darme ánimos y sacarme sonrisas. Me dijeron que podían cargarme yo les respondí que así no contaba que tenía que terminarlo con mis propios pies, les pregunté por mis compañeros y amigos, y al intentar caminar rápido me decían que no había prisa.

Minutos después estando a unos metros de la puerta de Brandemburgo me dijeron que cruzándola me esperaba la meta y que escuchara cómo la gente me estaba aplaudiendo. Tenían razón  la meta estaba ahí e Isa me dijo levanta la cara, eres una guerrera, lo lograste. Con ellos y con los brazos a lo alto crucé la meta y fui muy feliz pese a todo; había terminado un maratón más y esa medalla era para mi México lindo.

Así, agradecida con la vida por haberme permitido vivir un maratón más, les expreso mi infinita gratitud a mis amigos y a Lalo que me esperaron sin importarles el frío y el cansancio (Flaco tendremos revancha, estoy segura de ello).

A mis pacers de lujo Isa y Carlos, gracias por buscarme, acompañarme y marcarme el ritmo esos últimos kilómetros. ¡Se rifaron!

A  Mau y María por sus palabras y muestras de cariño en la ruta.

A mis amigos, equipo, papás y hermana por despertarse en la madrugada a echarnos porras sin importar la distancia.

A todos ellos les pido una disculpa por espantarlos un poco pero que esperaban de una loca apasionada y aferrada que busca cumplir sus promesas y sueños.

Berlín, no tenía planteado correrte así, pero me hiciste más fuerte y gracias a ti pude saber lo grande que es la voluntad.

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Correr es un deporte en equipo.

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Correr / Dromo / team work

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DROMO RUN CREW

Hace poco más de un año dejé de ser una corredora “solitaria” y decidí integrarme a un equipo hasta llegar a DROMO y hoy por primera vez participamos en la carrera G15k en la categoría de crews y tuve la fortuna y privilegio de ser una de los 6 integrantes (flechas) que representarían a DROMO.

A las 5:40 am nos reunimos en la fuente de Tláloc para calentar un poco, tomarnos fotos y contagiarnos de energía, debo de admitir que estaba más nerviosa de lo normal ya que sentía una gran responsabilidad pues tendría que realizar una buena carrera, no quería defraudar a mi equipo, quería entregar lo mejor para que vieran de que está hecho Dromo.

Minutos después las flechas del equipo (Regina, Silvia, Coco, Arqui, Edu y yo)  nos fuimos acercando al bloque de salida de los equipos para hacer los últimos movimientos de calentamiento para finalmente desearnos lo mejor y arrancar después de cantar el himno nacional.

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Regina, Arqui, Silvia, Edu, (yo) y Coco.

Conforme fueron transcurriendo los kilómetros, nos fuimos separando, cada uno fue agarrando su ritmo y tratamos en todo momento de apoyarnos, no sólo entre nosotros cuando nos llegábamos a ver sino con los demás compañeros del equipo… Esa energía es lo más increíble que uno puede agradecer pues te impulsa a seguir dando lo mejor. 

En la ruta pude ver a Felipe, (un crack del equipo que hasta ayer era uno de los seleccionados para representarnos pero por una lesión decidió no arriesgar al equipo y ceder su lugar a Edu, otro gran corredor) a unos cuantos metros adelante y me propuse seguirlo hasta que lo tuve a unos pasos y de ahí decidí no soltarlo por lo que nos fuimos juntos casi toda la ruta, trabajamos en equipo aún y cuando no intercambiamos casi palabra alguna, pues él me iba jalando y motivando a dar lo mejor.

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Disfrutando la compañía de Felipe

Esto es lo bello de correr en equipo, no necesitas palabras para sentir la conexión con los demás y eso es lo que ha hecho que DROMO sea el gran equipo que es hoy en día… no hay rivalidad, hay admiración, compañerismo, entrega, trabajo y disciplina, eso es lo que pretendemos como equipo: impulsar y motivar no sólo a los nuevos integrantes sino a toda la comunidad corredora. Creemos que el trabajo en equipo nos lleva a cumplir nuestros sueños y a ser mejores personas.

Y así en equipo es como las flechas de DROMO logramos subirnos al segundo lugar del podio y a pesar de que no pudimos compartir escenario con todo el equipo, sentimos y vimos su buena vibra, emoción y felicidad. Equipo, ganamos TODOS!!

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Felicidades por sus tiempos y vamos por mejores cosas que esto apenas comienza.

Nota: Muchas gracias al magnífico cheer squad que estuvo apoyándonos a todos, se rifaron cañón!!! Eso también es trabajo en equipo. 

Corriendo al otro lado del mundo.

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Asia / Correr / Major / maratón / Tokyo

El sueño de la mayoría de los maratonistas es completar los 6 majors (Chicago, Boston, Nueva York, Berlín, Londres y Tokio), en mi caso no es la excepción, sin embargo cuando apliqué para el sorteo de Tokio no creí quedarme, pero así fue, por lo que tuve que seguir entrenando fuertemente después de haber corrido el maratón de Toronto en octubre pasado para lograr un buen resultado.

Tokio sería el primer maratón en el que entrenaría siguiendo por completo todo el proceso del plan de mi entrenador, desde la base, fuerza, técnica y velocidad, lo cual disfruté muchísimo, él me hizo ver lo que soy capaz de hacer.

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Fher se encarga de hacer la magia.

Cada lunes esperaba el programa semanal y siempre me sorprendía de los ritmos que me mandaba. Fher fue mi guía para estar preparada al 100% para enfrentar mi sexto maratón; siempre estuvo al pendiente de mis dudas, incertidumbres y locuras. En esta ocasión por primera vez corrí un medio maratón (Veracruz) para saber las condiciones en las que llegaría al maratón y nos fue bien. ¡Qué lindo se corre en el malecón jarocho!.

Miércoles 22 de Febrero, el sueño comienza.

Con casi 4 meses de entrenamiento y después de 14 horas de vuelo llegamos a Tokio, no sin antes vernos sorprendidos por el majestuoso monte Fuji, el cual se nos apareció unos segundos en nuestro camino hacia el hotel; segundos que fueron suficientes para que se me volcara el corazón y para saber que sería un grandioso viaje.

Al día siguiente ya recuperados un poco del vuelo, fuimos a la expo a recoger nuestro número Lalo, Santi, Sergio, Carlos y yo, nos tomamos nuestro tiempo para recorrerla, tomarnos fotos y comer un poco. Pese a que no nos encantó por la falta de la presencia de grandes marcas salimos contentos y emocionados de saber que sólo faltaba un par de días para la gran fiesta.

El viernes después de trotar un poco y desayunar nos fuimos de tour los cinco junto con la mamá de Santi a conocer algunos de los atractivos turísticos de los “barrios” principales de la ciudad. Por la noche Lalo y yo acudimos a uno de los eventos que tenía programado el crew AFE Tokyo, los cuales nos recibieron muy bien y se sorprendieron al ver que veníamos de tan lejos. Ahí coincidimos con integrantes de Parkdale Roadrunners y Black Roses NYC con los cuáles corrimos 5kms en el barrio de Shibuya acompañados de música y de otros integrantes de diversos equipos del mundo.

El sábado decidimos salir a caminar para despejar nuestra mente y todo transcurría muy bien hasta que llegaron 2 videos de amigos muy queridos y locos los que hicieron que se me salieran las lágrimas y me quebrara. Gracias Gabo y Alex (aka “el Tío”) sus palabras significaron mucho.

Por la tarde nos reencontramos con Lea (corredora del crew East Laurier de Montreal) ya que al enterarnos de que ella también correría el maratón pensamos que sería un buen momento para vernos después de haberla conocido en octubre. Para terminar el día cenamos los Dromo Tokios (Santi, Lalo y yo) en compañía de Sergio y los papás de Santi para hacer la última carga de carbohidratos.

Domingo 26 de Febrero, hoy es el gran día.

Decido levantarme finalmente de la cama a las 5am para empezar a alistarme, checar algunos mensajes y revisar que no se nos fuera a olvidar nada. El tiempo transcurrió rápidamente y a las 7am bajamos para reunirnos con nuestros amigos, pero Lupe nos avisa que ellos ya abordaron un camión, por lo que nos formamos en otro, para que nos llevara al lugar de salida. Todos los pasajeros eran italianos, al parecer nos habíamos colado en un camión de algún tour, sin embargo las sonrisas estaban presentes pues todos estabamos ahí para realizar el mismo sueño: Correr el maratón de Tokio.

El trayecto fue breve, tan sólo unos minutos habían transcurrido cuando empezamos a descender del autobús para dirigirnos a nuestro corral de salida, no sin antes pasar por una zona de seguridad en la que únicamente teníamos acceso los corredores. Mientras caminábamos llegué a pensar que ya no veríamos a nuestros amigos, sin embargo en el guardaropa tuve la suerte de topármelos y después nos encontramos con Lalo que había ido a dejar sus cosas al camión que le habían asignado. Estando ya todos juntos fuimos a buscar algo para comer y todos concordamos que el clima era genial, estaba fresco pero sin hacer mucho frío. La espera fue muy breve, pero en ese tiempo pudimos ver muchos corredores disfrazados, desde el que llevaba un simple gorro de oso hasta un samurai, una berenjena y varios Mario Bross.

Cuando faltaban tan sólo un par de minutos para el cierre de corrales nos deseamos suerte los Dromo Tokios para partir hacia nuestros respectivos corrales de salida. Ya estando en el mio comencé a calentar un poco mientras la ceremonia de bienvenida transcurría y de un momento a otro empezamos a avanzar más hasta escuchar finalmente el tan ansiado disparo de salida, momento en el que las piernas de todos los corredores se pusieron en marcha al mismo tiempo que ponían a andar su reloj y alzaban la mirada al cielo para ver como papelitos blancos en forma de corazón caían desde lo más alto.

Los primeros minutos fueron conflictivos, debido a que el camino se hizo estrecho apenas unos metros delante de la línea de salida, posteriormente siguió una bajada pronunciada en la que te ibas casi codeando con el de al lado, sin embargo se percibía la emoción en todos los corredores, algunos de ellos muy rápidos, no sabías distinguir si eran los que iban por 10kms o por el maratón completo, motivo por el cual decidí no presionarme y conservar el paso pues la estrategia marcaba correr 5 segundos arriba del ritmo indicado, pero cuando mi reloj marcó el primer km el ritmo que registraba era arriba de 6 minutos, lo cuál me conflictuó un poco pues sentía que ibamos rápido así que decidí mantenerme otro km más pero al ver que marcaba más o menos lo mismo recordé que habría pacers de 3hrs por lo que decidí alcanzarlos para que fueran mi referencia. Ya estando en el bloque me percaté que había varios pacers del mismo tiempo, lo cuál era muy bueno ya que el grupo era bastante grande por lo que en algunos momentos te encontrabas en medio, atrás o hasta adelante, sobre todo al pasar por las zonas de hidratación.

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Con el bloque de 3:00 hrs

Conforme fueron transcurriendo los kilómetros pude confirmar que el nivel de los corredores de mi bloque era muy bueno, pues no nos despegábamos y la mayoría eran hombres; y así permaneciendo juntos y teniendo de compañero a un corredor vestido de sirvienta pasamos por el imponente Kinryū-zan Sensō-ji, (templo budista más antiguo de Tokio) aproximadamente en el km15 para seguir juntos hasta el kilómetro 21, pero fue hasta el km 25 entre Gambares!! y aplausos en el que decidí separarme del grupo para llevar mi propio ritmo.

05TokioHasta ese momento sólo me topé con un par de mexicanos a los que les grite: ¡Vamos México!, y algunas banderas de nuestro país entre la gente, sin embargo agradecía cada “Gambare” que nos echaba la porra nipona a nuestro paso, algunos se emocionaban y nos daban su mano para tocarla, pero el shot de energía más grande me vino al escuchar un: ¡Vamos Tania!; sin detener el paso pude voltear y comprobar que era Iván y mi hermana que estaban del otro lado de la acera esperándome para echarme ánimos para seguir, yo les respondí con un grito de ¡México! mientras que sonreía y aceleraba el paso pues sabía que en el retorno me los encontraría nuevamente, así que continúe pero aún faltaban más de 10 kilómetros por lo que decidí recuperar mi paso y seguir disfrutando la fiesta hasta que en el km 35 aproximadamente me gritan varios chicos ¡DROMO!, sí, eran los chicos de AFE Tokyo que se encontraban animando a los corredores, yo les respondí con sonrisas y levantando mis brazos … se siente muy lindo que griten el nombre de tu equipo y sé que esto no lo leerán pero les agradezco mucho ese gran momento.

Pasando el kilómetro 40 me vuelvo a topar con mi hermana e Iván que me gritaban a todo pulmón, por fin me pude acercar a ellos para que me dieran la bandera de México que traían para correr con ella los últimos kilómetros.

Con paso firme, alegre, sonriendo y portando con orgullo la bandera llegué a la meta con el reloj marcando 2:56:38El sueño se había cumplido: Cruce el mundo para correr un maratón …. y no sólo eso, terminé haciendo mi mejor marca, estaba incrédula de lo que había pasado, pero ahí estaba un reloj que me comprobaba que era cierto, entonces poco a poco continué avanzando, miraba el reloj, me tomaba fotos hasta que me encontré con un tico con el que corrí en el bloque de 3 horas, me felicitó y me dijo que corrí muy bien y que él ya no me pudo seguir el paso cuando lo invité a seguirle dando. Después de esto pasé a recoger mi bellísima medalla, no podía dejar de verla y darle besos, pero seguí tomando fotos y les escribí a mis papás y a el equipo un ¡Sí se pudo!, mientras esperaba con ansias la llegada de mi corredor, con el cual pude fundirme en un abrazo después de unos minutos y festejar juntos este grandioso logro que tanto habíamos anhelado.

Posteriormente nos topamos sorpresivamente con Lea y Carlos, nos felicitamos y empezamos a intercambiar opiniones y experiencias, pero fue hasta el hotel donde nos pudimos reunir toda la banda y celebrar con una hamburguesa y cervezas nuestro triunfo, pues pese a los resultados que obtuvo cada uno logramos conquistar Tokio.

Y como es costumbre no puedo terminar mi reseña sin agradecer así que empecemos: Este maratón no hubiera sido posible sin el apoyo de todo el equipo DROMO, no sólo por estar al pendiente de toda nuestra travesía en el maratón, sino en cada entrenamiento. A Sindo por ser el líder del grupo y animarse a reunir a tantos locos, apasionados y atascados en un mismo equipo, pero sobre todo por creer en uno… Barbón has creído en mí desde el momento en que nos topamos en Boston hace casi 2 años, y desde ahí no te cansas de contar nuestra historia e inspirarme a volar alto y si en ocasiones me llegas a percibir un tanto distante es por el respeto y admiración que te tengo, pero el cariño ahí está que no te quepa duda.

Fher, gracias por no presionarme y simplemente confiar en el trabajo que realizamos en conjunto, pero tengo que reconocerlo siempre has sido tan certero en tus predicciones que aunque yo te llegue a llamar loco hemos logrado conseguir y superar ese resultado, así que vamos por más.

Papás, gracias por seguir apoyando mis loqueras y estar al pendiente de ellas, a Karen e Iván por ponerle pausa a la fiesta un momento para ir a echarnos porra y vivir nuevamente un maratón con nosotros. A mi abuelito Enrique por decirme que siga viajando y corriendo por el mundo y sobre todo por aconsejarme para que aproveche todas las oportunidades que se me presenten pues no sabemos si volverán a suceder. A mi abuelita Amelia que siempre está al pendiente y me envía buenos deseos y felicitaciones por cada logro conquistado muchos besos y abrazos.

A toda la banda de “Los sobrinos” no sólo por aguantarme, aunque sé que a veces les da ganas de bloquearme pero en serio gracias por creer, confiar, celebrar, compartir su tiempo y demostrarnos su cariño a Lalo y a mi siempre. Chicos estuvieron presentes en esos 42.195 km los queremos muchísimo, gracias por su amistad y buena vibra, logramos sentirla en cada zancada que dimos en esa maravillosa ciudad.

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Otro maratón más juntos 🙂

A ti flaco por luchar y ser mi cómplice en todo momento. Siéntete feliz por ese BQ que lograste, sé que ibas por un poco menos de tiempo pero muy pocos logran en tan poco el gran avance que tú has cosechado, eres un campeón y estoy muy orgullosa de ti.

Por último les aconsejo a todos los corredores que tengan un maratón o carrera en puerta a que salgan a disfrutar lo que tanto les gusta: CORRER … olvídense por un momento del reloj, sólo déjense llevar por toda esa energía y dejen que todo fluya, aliméntense de las porras, agradezcan el estar presentes y sonrían que el maratón para mi es una fiesta.