El sueño de todo corredor.

Medalla de finalista: Maratón de Boston 2015

Medalla de finalista: Maratón de Boston 2015

Hace un par de semanas viví una de las experiencias más increíbles de mi vida: correr el maratón anual más antiguo, sí, el maratón de Boston, el sueño de todo corredor.

Boston me recibió con los brazos abiertos; su gente es muy amable, atenta y tranquila. Para ellos, la fecha del maratón es muy importante, ya que se celebra el mismo día que el Día de los Patriotas (el tercer lunes de abril). Por ello, la gente apoya a los corredores en todo su trayecto desde Hopkinton, pasando por Ashland, Framingham, Natick, Wellesley y Newton hasta llegar a Boylston.

Sin importar la lluvia, no hubo trayecto en el que no encontráramos personas y voluntarios echándonos porras, regalándonos naranjas, agua, papel de baño, llamándonos por nuestro nombre, chocando nuestras manos y regalándonos sonrisas. Eso es lo bello del maratón: el apoyo de la gente e incluso de los mismos corredores. Ahí no importan raza, género, edad, “discapacidad” ni lengua porque todos compartimos la misma pasión: CORRER.

Como algunos saben, este fue mi segundo maratón, mi primer major y mi primer carrera fuera de mi país, por lo que no sabía qué me esperaba y así llegó el gran día. Me levanté temprano para alistarme y llegar a tiempo al Common Park (punto de reunión de corredores) donde nos esperaban camiones escolares para llevarnos a la Villa de los Atletas. Durante el trayecto, los corredores aprovechaban el tiempo para desayunar, hidratarse, dormitar, platicar o, simplemente, observar el paisaje. Conforme transcurría el tiempo nos emocionábamos más y cuando nos bajamos del camión, se dibujó en nuestros rostros una sonrisa, pues nuestro sueño estaba a punto de hacerse realidad. En ese momento, la lluvia apareció por lo que nos refugiamos en la carpa del jardín, donde había comida, agua, café y bebidas energéticas.

Villa de los Atletas

Villa de los Atletas

Al centro de ella se encontraban sentados muchos corredores que también se resguardaban del fuerte viento y la lluvia. La mayoría llevaba una sudadera o chamarra y un pants o pijama de felpa. Mientras que yo, como buena novata, sólo traía mi ropa de correr y nada adicional que me cubriera pues, si bien había leído que podíamos llevar alguna prenda extra que pudiéramos donar, había olvidado la chamarra que pensaba llevar. Para entrar en calor, tomé café y un bagel pero el alivio sólo era momentáneo pues el frío era demasiado helado. Entonces, un corredor se abrió paso entre la multitud para preguntarme si era de México a lo cuál de inmediato respondí que sí y me invitó a sentarme con él y con su amigo (que hizo ese día) finlandés ya que también tenía la misma nacionalidad que yo. Platicamos acerca del maratón, de las carreras, del tiempo que pensábamos hacer entre otros temas relacionados, hasta que llegó el momento en que Sindo (este es el nombre de este amable corredor) se tenía que ir a su bloque de salida. Nos deseamos suerte y amablemente me dio su pants y su capa térmica para que me calentara un poco mientras llamaban a mi bloque. Este es uno de los momentos que más me marcaron en Boston pues es un gran ejemplo del apoyo y compañerismo que tiene el running. De hecho, no fue el único que se portó amable conmigo sino también otro chico que me dio una bolsa de plástico para que me cubriera las piernas. Para continuar con ese gesto de amabilidad, compartí la manta térmica con un japonés que estaba a mi lado hasta que llamaron a mi bloque. Cuando escuché el anuncio fui rápidamente al baño y dejé las prendas que me habían prestado en el área de donación. Después, corrí al bloque de salida y, cuando menos lo esperé, la línea de salida estaba a unos metros y los corredores ya salían por lo que puse a andar mi reloj y mi app del celular. Con esto, mi sueño empezaba a realizarse. Conforme iba avanzando no paraba de sentirme feliz al ver el apoyo de tanta gente, por lo que decidí recorrer el trayecto cerca de las aceras para tener más contacto con la gente y sentir su apoyo. Mi estrategia de carrera era correr a un paso tranquilo durante los primeros 10kms y después subir un poco la velocidad, dependiendo de cómo sintiera mi cuerpo pues muchas veces, por la emoción, queremos iniciar fuerte; sin embargo, un maratón es una distancia considerable que requiere una buena distribución de la energía y una hidratación constante. Aproximadamente, cada kilómetro y medio del recorrido, hubo mesas de hidratación que tenían agua y Gatorade, lo cual nos ayudó a cubrir este aspecto al 100%. A partir del kilómetro 16, empecé a comer gomitas de carbohidratos para seguir teniendo energía y nivel de glucógeno suficiente para todo el trayecto restante de la competencia. Así fui recorriendo cada kilómetro mientras monitoreaba mi ritmo y sentía la respuesta de mi cuerpo. El camino tenía muchas subidas y bajadas que yo disfruté al máximo. Al llegar al kilómetro 20 que empecé a voltear a ambos lados buscando a mi porra (integrada por mi novio, mi hermana y mi cuñado) pues esperarían en el kilómetro 21, justo a la mitad de la carrera. Sin embargo, pasé ese punto y no los vi ni escuché, por lo que supuse que se les había complicado llegar o que no los había escuchado por toda la gente que había a lo largo del trayecto. Mantuve un paso constante hasta que, en el kilómetro 27, vi una bandera de México en la acera derecha y decidí pasar a su lado para sentir el calor de los mexicanos, gritando “¡México!”. Al hacerlo, vi que a tan solo unos metros estaba mi gente, mi hermosa porra que me gritaba “¡Tania tu puedes! ¡Vamos!” mientras me tomaban fotos y videos, y ondeaban unos paliacates con la bandera de México que mi papá me había dado.

Saludando a mi porra :)

Saludando a mi porra 🙂

Ese momento fue mágico, me llenó de mucha energía, por lo que les sonreí y los saludé con mucha emoción. Fueron segundos que me supieron a gloria, y se los agradezco enormemente pues tuvieron que ingeniárselas para poder llegar a ese punto y esperar un rato con todo y lluvia. A partir de ese momento seguí con más fuerza pues sabía que me esperarían en la meta, pero pasando aproximadamente el kilómetro 34 la lluvia incrementó y el frío estaba muy helado. En ese punto, varios corredores empezaban a detenerse. Algunos lo hacían de manera momentánea y otros aprovechaban para hacer sentadillas esperando que sus músculos reaccionaran lo suficiente para poder continuar la carrera. Otros más, veían con tristeza a los corredores que pasaban a su lado pues sabían que sus piernas ya no reaccionaban como ellos querían y que debían finalizar su participación ahí. Había varios voluntarios ofreciendo mantas térmicas a los corredores, algunos las aceptaban corriendo con ellas para taparse un poco el frío. Yo seguí bien el trayecto. Sin embargo, en los últimos 6 kilómetros, se me entumió el muslo derecho a causa de la lluvia. Pero eso no me importó, yo seguí pues sabía que si me detenía probablemente me iba a costar mucho más trabajo llegar a la meta y así, al dar vuelta en Boylston, pude ver la línea de meta. Entonces me dije “¡Ya estás a nada!” y lo logré: crucé la meta con los brazos levantados y con una sonrisa. ¡Había conquistado mi sueño y había mejorado mi marca personal!

Finish Line Boston Marathon

Metros antes de llegar a la meta.

Seguí caminando para recoger mi medalla de finalista. Cuando la tuve en mis manos, no pude evitar besarla cursimente pues, pese a las adversidades, había conquistado Boston o, mejor dicho, Boston me había conquistado a mí desde un inicio. Embelesada por toda esa gran experiencia seguí caminando temblorosamente al mismo tiempo sin soltar mi medalla. Más adelante, una voluntaria me tapó con una manta térmica y después me ayudaron a abrir una barra de proteína y un plátano pues el temblor ocasionado por el frío intenso me dificultaba hacer esas tareas con éxito. Conforme transcurría el tiempo, el temblor en mi cuerpo se incrementaba pero logré llegar a la letra E del punto de reunión familiar, donde había quedado de verme con mi porra. Como hacía mucho aire, me coloqué junto a un muro para que me cubriera un poco. A pesar de esto, el frío se apoderaba de mi cuerpo y yo no era su única presa; la mayoría de los corredores pasaba temblando, algunos se sentaban y se hacían bolita mientras esperaban a sus familiares. Conforme crecía el número de corredores que se encontraban con sus familias, comencé a desesperarme. Minutos después, llegó mi novio. Me abrazó y lo primero que hice fue preguntarle dónde estaban y por qué se tardaron tanto. Después, me llevó hacia donde estaba mi hermana e Iván, quienes me ayudaron a quitarme el short mojado y a ponerme el pants de mi hermana. De ahí, nos fuimos a un cafecito para que me quitara el resto de la ropa mojada y para que tomara un chocolate caliente. En ese acogedor lugar, no dejaron de felicitarme ni de contarme su experiencia y todo lo que vivieron.

Finalista Boston 2015

Así o más feliz 😀

Esto fue Boston: una gran experiencia de amor, disciplina, tenacidad, lucha y entrega, no sólo de los corredores sino de todos los voluntarios, autoridades, staff, policía y porra que hicieron posible este maratón. ¡Gracias Boston, gracias familia (mamá, papá, tíos, abuelos, primos)! Aunque no estuvieron físicamente, corrieron conmigo cada zancada. Sus palabras de motivación me ayudaron a conquistarlo. También quiero agradecer a mi hermana e Iván que decidieron acompañarme en esta locura que es mi pasión y, especialmente, te agradezco a ti, Lalo, por estar siempre y por motivarme en cada entrenamiento y en cada carrera.  

13 comentarios en “El sueño de todo corredor.

  1. Qué emoción lograr una meta tan grande. Lo que hiciste está al alcance de muy poca gente. Siempre lo dije, tú debiste ser atleta olímpica ☺
    Excelente crónica. Muchas felicidades Tania!!

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  2. El leer tu experiencia fue algo emocionante, eres una GUERRERA..!!!
    Me da mucho orgullo ser tu primo y saber que día a día logras todos tus objetivos y sueños.
    Agradezco a tu porra que hayan estado ahí dando el 1000%.
    Sigue corriendo y mucho éxito..!!

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  3. Wow, qué experiencia tan más entrañable. Mira que soportar semejante desafío sin saber a ciencia cierta todas las pruebas a las que te enfrentarías. Y lo mejor, tu preparación y espíritu indómito te empujaron a terminar como las y los grandes. Muchas felicidades, amiga. Que tengas muy buena fortuna siempre en tus próximas expediciones.

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  4. Muchas felicidades Tania por tu relato veo que el frío fue más duro para ti durante la carrera! Eso tiene mucho más mérito!, te deseo que sigas cosechando éxitos!. Un abrazo
    Para mi el frío fue mas duro después de cruzar la meta!

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  5. Tania. Muchas felicidades!!! En verdad estoy muy impresionada y emocionada al leer tu relato….. Te mandó un fuerte abrazo y beso!!! Y claro saludos a Lalin!

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