Cuando la mente y el corazón ganan

El doctor se mostraba optimista y me decía que podría recorrer la distancia que tenía programada para el maratón de la Ciudad de México; sin embargo, esto no pudo concretarse, pues el dolor en mi pierna seguía presente. Recuerdo lo difícil que me resultaba ir al trabajo en transporte público. Había leído y escuchado que la fascitis es una de las lesiones que comúnmente aquejan a los corredores, pero nunca imaginé lo dolorosa y molesta que sería. A pesar de ello, traté de ser paciente y realizar mis ejercicios diariamente. El 30 de agosto llegó y sólo pude acudir a dicho maratón a echar porras a mi novio, amigos y a todos los corredores. Fuí partícipe de ese maratón de una forma distinta y lo disfruté pues, como corredora, sé el esfuerzo y entrenamientos que hay detrás de esos 42.195 km, así que traté de motivar a cada participante con una palabra de aliento y aplausos. Así pasó ese día y seguía tratando de ser entusiasta pues mi meta era recuperarme para estar al 100% en el Maratón de Chicago.

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#ChiMarathon

Conforme pasaron las semanas veía leves mejoras en la pierna pero empecé a “trotar” casi 3 semanas antes de la fecha esperada. Trotar es un decir pues las primeras veces me sentía como un bebé que empieza a hacer sus primeros pasos. Algunos corredores me decían que no corriera, que descansara, y otros más me daban ánimos. Ahí fue cuando me di cuenta que uno no corre sólo, si bien es cierto que habemos quienes entrenamos sin compañía, los rostros que entrenan en el mismo horario que nosotros se vuelven familiares.

Con el objetivo de recuperarme a tiempo, tomé clases de yoga, bicicleta, ejercicio de core, suaves trotes y rehabilitación hasta que llegó el día de partir con mi novio a Chicago para correr nuestro primer maratón en esa ciudad. Por la noche acudimos a la cena de bienvenida para los corredores mexicanos y suecos en un pabellón del Millenium Park. Ahí logramos platicar con mexicanos e intercambiar nuestras expectativas de la carrera y experiencias. Fue un grato, aunque breve, momento pues ya se empezaba a sentir el ambiente de fiesta.

Con mi papá :D

Con mi papá 😀

La tarde del sábado fuimos a recoger nuestro número y es impresionante ver la cantidad de corredores reunidos en un mismo lugar y compartiendo el mismo objetivo.

Por la noche alisté mi ropa, lentes, reloj, gomitas y geles que usaría al día siguiente y me fui a dormir temprano.

Después de unas horas de sueño, el día había llegado y comencé a arreglarme poco antes de las 5 de la mañana pues el centro de Chicago se encuentra a 1 hora de Streamwood, el suburbio donde viven mis tíos, quienes nos ofrecieron amablemente hospedaje en cuanto supieron que participaríamos. Esto fue una motivación más para mi recuperación.

Llegamos antes de las 6:30 am a Grant Park y pudimos ver cómo, poco a poco, los corredores llegaban. México presenteDespués de tomarnos unas fotos de recuerdo y gritar “México, México” con otros participantes accedí a mi bloque de salida sola, no sin antes abrazar y desearle lo mejor a Lalo, quien saldría en el siguiente bloque. Con una sonrisa y saludando a los voluntarios llegué a mi corral, al que solo habían llegado un par de corredores. Vi el amanecer y esperé mientras hacía algunos estiramientos de forma cada vez más intensa pues la mañana era fresca y mi pierna izquierda lo necesitaba.

Cuando comenzaron a cantar el himno de Estados Unidos, que estaría seguido del ansiado disparo de salida, las caras de ansiedad y emoción se reflejaban en cada corredor: el gran día había llegado.

Así pues comenzó la fiesta. Esta ocasión no llevaba una estrategia o plan a seguir pues mi objetivo era sólo terminar el maratón. El tiempo no me importaba, lo único importante era no lastimarme más. La incógnita seguía sin resolverse: ¿terminaría el maratón?

Conforme recorrí cada kilómetro, me fue claro que no había perdido condición pese a que, en el último mes y medio, mi mayor distancia recorrida había sido de 10km y eso me hizo sentir más cómoda para seguir gozando cada zancada. Esto se disfruta.No paraba de sonreír y el dolor de caballo apareció; sólo disminuí un poco el paso y cerré la boca hasta que pasó. Poco después yo seguía gritando “México” cada vez que me encontraba una bandera de mi país, pues se siente muy lindo gritar y sentir la respuesta de la porra; es una emoción que solo se puede sentir más no describir. Es de esas emociones que se reviven al evocar un recuerdo.

Kilómetros después el calor era muy intenso y yo usaba una playera de manga larga. ¡Ni hablar! No podía hacer más que hidratarme en cada abastecimiento. Entre la multitud, buscaba a mi porra para darles los guantes que cargaba pero no los encontré en el barrio mexicano. Seguí gustosa mi trayecto disfrutando los paisajes y porras.

Después del kilómetro 32 empecé a sentir una punzada en el pie derecho y mucho calor. Después de hidratarme me echaba agua en las piernas para refrescarlas un poco. Así continué hasta llegar al kilómetro 37. En ese punto sentí que iba un poco más lento, lo cuál comprobaba con los pacers que me iban rebasando, pero algo me decía que podía lograr terminar el maratón debajo de las 4 horas, por lo que no me desanimé, aunque debo admitir que los últimos 800 metros se me hicieron muy largos, pero bastó ver la línea de meta para sonreír con todo y levantar los brazos pues había logrado mi objetivo. Terminé ese maratón y le dí gracias a mi pierna pues no me dio molestias.

Llegando a la meta

Llegando a la meta

¡Sí se pudo!

¡Sí se pudo!

Con la cara llena de sal fui a recoger mi tercer medalla en un maratón y al tenerla en mi cuello, el cansancio se fue de mi cuerpo; me sentí viva, feliz y agradecida por no haber escuchado las voces internas que me decían que no lo lograría.

Así me fui al punto de encuentro familiar para esperar a mi porra y a mi corredor estrella para festejar el triunfo. Mientras llegaban, estiré y bailé pues el evento ya era una fiesta. En cuanto ví a mis papás caminé hacia ellos con una sonrisa para darles un abrazo y ellos se sintieron aliviados pues llegaron a pensar que había desertado al no verme en el trayecto.

Mi porra :D

Mi porra 😀

Agradezco a toda mi familia y sobre todo a mis papás quienes, de último momento, decidieron ir conmigo para apoyarme, y a mi tío José y mi tía Toña por recibirnos en su casa y vivir conmigo la fiesta del maratón, pues aún y cuando no logré verlos en la ruta tenía muy presente que ellos estaban ahí, echándome porras. Y gracias también a ti Lalo, mi gran compañero de carreras, lo único que te puedo decir es que ¡sí se puede y vamos por más!

También quiero darle las gracias a mi tío Sergio por sus porras virtuales, consejos y deseos, así como a mi amiga Arse por diseñarme mi lettering: amiga, ¡me encantó!

Regalando sonrisas.

Regalando sonrisas.

Chicago me enseñó a ser paciente y a valorar más mi cuerpo, pues uno como corredor puede exigirse mucho más de la cuenta, así que ahora a cumplir la promesa que le hice a mi pierna: descansar para recuperarme y tomar vuelo para lo que sigue. En una de esas regreso para quitarme la espinita y volar como unos amigos me decían que lo haría, pues esta corredora no se rinde.

5 comentarios en “Cuando la mente y el corazón ganan

  1. Parece sencillo, pero detrás de esa medalla hay mucho esfuerzo y entrenamiento, dolor y sufrimiento, terapias y rehabilitación, pero sobre todo unas ganas inmensas de no dejarse vencer, seguir adelante y no rendirse. Felicidades!! 😝😘

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