Para México

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Puerta de Brandemburgo.       Foto: @eduardov

Hace más de un mes de haberse corrido el maratón de Berlín, sin embargo apenas pude escribir lo que viví.

Enojo, frustración, impotencia y tristeza son algunos de los sentimientos por los que atravesé conforme se acercaba el día del maratón después de haberme lesionado. Una semana antes del evento había tomado la decisión de no correr el maratón y de acudir como porra, sin embargo días antes de partir tembló en nuestro país el cuál movió nuestros planes y sentimientos. En mi caso, al saber la magnitud de lo ocurrido me sentía mal de irme y dejar a mi país en tal situación, sin embargo los planes y gastos ya estaban hechos así que creí que la mejor forma de rendirle tributo era correr ese maratón y dedicárselo.

24 de septiembre 2017

Una mañana fría y lluviosa era el escenario con el que amanecíamos y con el que tendríamos que recorrer esos 42.195 km; sin embargo el clima no fue un factor para que el ánimo decayera entre Jonas, Lalo, los Gabos y yo; el día había llegado y lo veíamos reflejado en las caras de los corredores que nos topábamos en el metro.

Al llegar a la puerta de Brandemburgo no sabíamos lo que iba a suceder en las horas siguientes lo único que teníamos bien claro era que cruzaríamos esa puerta para llegar a la meta.

Después de unas fotos y desearnos lo mejor nos dirigimos a nuestros respectivos corrales de salida y fue en ese momento al verme sola cuando sentí por primera vez miedo, no sabía si podría terminar el maratón, pero duró poco ese sentimiento al dar los primeros pasos después del disparo de salida y al recordar el por qué de mi decisión.

Así es como comenzó Berlín y cada vez que veía una bandera de mi país entre la porra o cuando me cruzaba con algún paisano los animaba con un ¡Vamos México!. Y fue poco antes del kilómetro 10 cuando me alcanzó Lalo, me dijo: ¡Venga México! y me sonrió. Corrimos unos metros juntos, le dije que estaba bien y que siguiera; segundos después lo ví alejarse y no pude evitar sonreír hasta concentrarme en mantener un ritmo tranquilo.

Los kilómetros transcurrieron rápidamente entre sonrisas, porras y chocar las palmas de los niños, cuando menos lo pensé ya estaba en el kilómetro 20 y después me ví cruzando el medio, pero fue hasta el kilómetro 26 cuando empecé a sentir una leve molestia por lo que bajé un poco más el ritmo sin embargo me echaba porras y trataba de enfocarme en la gente que estaba apoyándonos pero lamentablemente el dolor iba en aumento, mi cuerpo me estaba diciendo que mi carrera había terminado así que lo escuché, lloré un poco y paré en el km 30 pero mi corazón y mis ganas me pedían cruzar esa meta así que decidí caminar sin importar el tiempo.

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#CrewLove Foto: @nell0k

Recuerdo a la gente animándome y preguntándome si estaba bien, yo les sonreía y agradecía cada muestra de su apoyo, así es como llegué al km 36 y ví a una porra muy grande de los crews de Berlín (Entre ellos Run Pack Berlin y Berlin Braves). Un chico al verme caminando se acercó a mi y me dijo que no llorara, que maratones había muchos y que yo era más fuerte y que llegaría a la meta. Sus palabras fueron muy sinceras tanto así que todavía las recuerdo.

Seguí mi camino lentamente hasta llegar a una zona de masajes donde María (compañera Dromo) al verme sentada en una camilla se acercó y me preguntó que podía hacer por mi, a lo cual le contesté entre sollozos: ¡Llega a la meta! Me abrazó y me dijo eres mi héroe.

Isa apoyándome en plena ruta.

Isa, apoyándome en plena ruta.

Después de esto seguí mi camino hasta toparme con Isa y Carlos ( nuestra porra), los cuales al verme corrieron hacia a mi, me abrazaron y me pusieron sus chamarras, me preguntaron si quería continuar y les dije que sí, que tenía que llegar a la meta, no lo dudaron y me acompañaron esos últimos kilómetros, no paraban de darme ánimos y sacarme sonrisas. Me dijeron que podían cargarme yo les respondí que así no contaba que tenía que terminarlo con mis propios pies, les pregunté por mis compañeros y amigos, y al intentar caminar rápido me decían que no había prisa.

Minutos después estando a unos metros de la puerta de Brandemburgo me dijeron que cruzándola me esperaba la meta y que escuchara cómo la gente me estaba aplaudiendo. Tenían razón  la meta estaba ahí e Isa me dijo levanta la cara, eres una guerrera, lo lograste. Con ellos y con los brazos a lo alto crucé la meta y fui muy feliz pese a todo; había terminado un maratón más y esa medalla era para mi México lindo.

Así, agradecida con la vida por haberme permitido vivir un maratón más, les expreso mi infinita gratitud a mis amigos y a Lalo que me esperaron sin importarles el frío y el cansancio (Flaco tendremos revancha, estoy segura de ello).

A mis pacers de lujo Isa y Carlos, gracias por buscarme, acompañarme y marcarme el ritmo esos últimos kilómetros. ¡Se rifaron!

A  Mau y María por sus palabras y muestras de cariño en la ruta.

A mis amigos, equipo, papás y hermana por despertarse en la madrugada a echarnos porras sin importar la distancia.

A todos ellos les pido una disculpa por espantarlos un poco pero que esperaban de una loca apasionada y aferrada que busca cumplir sus promesas y sueños.

Berlín, no tenía planteado correrte así, pero me hiciste más fuerte y gracias a ti pude saber lo grande que es la voluntad.

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2 comentarios en “Para México

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