Maratón de Tangamanga, San Luis Potosí.

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Las opciones de correr un maratón este año se iban reduciendo con el paso de las semanas de febrero, habían transcurrido varios meses sin poderme sentir cómoda al correr, de ahí que nos decidiéramos por el Maratón Internacional de Tangamanga en San Luis Potosí. Debido a que se lleva a cabo a finales de junio pensaba que tendría el tiempo suficiente para recuperarme lo mejor posible, sin embargo, no contaba con que a mi lesión le costaría demasiado tiempo la recuperación. Tuve que reemplazar el correr con nadar y con ejercicios de fuerza, hasta que poco a poco fui incorporando pequeños trotes.

Fue hasta finales de abril cuando pude empezar con el entrenamiento en forma para el maratón. Lo más duro y difícil eran los días de pista ya que sentía que no contaba ni con la condición física ni con la confianza en mi pierna derecha, pero gracias a mi amigo Jonás y a mi novio pude hacerle frente a esos días.

Ellos siempre estaban ahí dispuestos a jalarme y darme ánimos sin que yo se los pidiera, sacábamos juntos nuestras distancias y repeticiones en la pista. Recuerdo que en una ocasión en Cuemanco ellos estaban fijando el ritmo progresivo al que sacarían su entrenamiento y yo les dije que iría atrás de ellos, sin embargo comenzamos juntos y conforme fueron transcurriendo los kilómetros me iban diciendo que iba bien y que aguantaría el siguiente cambio de ritmo, así sucesivamente hasta que pude terminar mis 22 kilómetros. Sobra decir cómo me sentí, pues ellos me brindaron la confianza necesaria para sacar no sólo esa distancia, sino todas las siguientes.

Poco a poco me fui sintiendo más fuerte y con mejor condición, me hubiera encantado terminar todo el ciclo de entrenamiento con ellos pues hacíamos un trío perfecto, pero Jonás tenía que continuar con su preparación a los objetivos qué él buscaba. Además de que los entrenamientos ya no podíamos empatarlos. Así es como ese trío se transformó en dupla. Dupla que había elegido correr ese maratón juntos, la que quería lograr la marca de Lalo en equipo, y la misma que quería vencer fantasmas del pasado, pero sobre todo la que quería disfrutar y vivir la experiencia unidos.
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Con los objetivos en mente esperábamos cada sábado sacar la distancia al ritmo que nos pedía el entrenador, algunas veces corríamos un poco más tarde para irnos preparando a los posibles tipos de clima que podría tocarnos en Tangamanga, otras veces más temprano pero siempre con actitud positiva. Únicamente la distancia más larga que teníamos programada la hicimos por separado, él 30 y yo 28 kms, debido a que Lalo se enfermó pero creo que sirvió para que pudiéramos trabajar por separado nuestra mente.

Semana del maratón.

Conforme los días iban avanzando, la emoción, adrenalina y nervios se hacían presentes. No sabíamos que clima esperar pues en esos días había llovido mucho, incluso el viernes que partimos hacia Querétaro en pleno camino en carretera nos agarró una tormenta y el pronóstico del clima marcaba para el domingo sólo una nubecita.

En Querétaro, nuestros amigos Lupita e Iván nos esperaban, pues semanas antes se habían ofrecido a acompañarnos a San Luis Potosí para ayudarnos a manejar. Acordamos partir hacia San Luis el sábado por la mañana, después del partido de México, por lo que pudimos descansar lo suficiente.

Llegamos al hotel cerca de la 1:30 pm y después de habernos registrado salimos a recoger nuestro número de corredor al Centro de Convenciones, la exposición estaba muy tranquila y el staff fue muy amable. Después de tomarnos unas fotos y comprar algunos recuerdos, fuimos a comer a un lugar muy rico y tranquilo, de ahí sólo fuimos a un parque para regresar temprano al Hotel para descansar, relajarnos y alistarnos para el día siguiente.01

24 de Junio, día del maratón.

Suena la alarma a las 5 am, me levantó y comienzo a alistarme. Voy comiendo un poco de avena mientras me visto, preparo la mochila con la ropa que usaremos después de la carrera, reviso que no se nos olvide nada, termino de peinarme y bajamos a la recepción del hotel, Iván ya nos esperaba y nos pregunta que si ya estamos listos. Afirmamos y nos ponemos en marcha hacia el parque Tangamanga I. Llegamos y la entrada ya está cerrada para el paso vehicular por lo que nos despedimos de Iván, el cual nos desea suerte y caminamos rumbo al Planetario donde estaba marcado como punto de salida y meta, bueno en realidad seguimos a los corredores que iban delante de nosotros. Mientras caminábamos y buscábamos el guardarropa Lalo me preguntó si estaba nerviosa, le dije que sí mientras veíamos a algunos corredores trotando y haciendo ejercicios de calentamiento. Después de un rato decidimos preguntar a alguien del staff por la ubicación del guardarropa, nos contestó que no había y como no lo creíamos preguntamos a alguien más y nos confirmó que en efecto no contaban con un lugar para dejar las cosas. ¡No lo podíamos creer!, pensamos dejar la mochila escondida en un árbol pero Lalo prefirió encargársela a un chico que estaba en un stand de la carrera, nos dijo que no nos preocupáramos y que nos deseaba suerte.

A tiempo pudimos llegar al acceso del corral y pudimos calentar un poco, después de unos minutos se quitaron las divisiones de los bloques. Ahí conocimos a “El Güero”, un señor como de unos 60 años con su cabello canoso que de la nada comenzó a darle masaje en los hombros a Lalo para después continuar conmigo, mientras que Lalo a la vez le devolvía el gesto de la misma forma. En ese momento me preguntó que cuanto correría ya que había varias distancias 5, 10, 21 kms y maratón. Le contesté que el maratón y me respondió eres de las mías y me abrazó.

La organización del maratón después de dar las palabras de bienvenida a los corredores siguió con los honores a la bandera para continuar con el ansiado disparo de salida. Todos los participantes empezaban a tomar sus ritmos de carrera, después de unos metros Lalo y yo estábamos corriendo juntos y ajustando el paso al ritmo indicado por el entrenador, teníamos el objetivo claro así que empezamos a disfrutar, le dije: recuerda que Jonás está corriendo con nosotros los primeros 15 kilómetros (pues él y otro amigos estaban corriendo una carrera al mismo tiempo).

Los 5 kilómetros iniciales fueron en el interior del parque, corrimos en medio de árboles y pudimos respirar su frescura. Posteriormente el recorrido marcaba que sería por las calles principales de la ciudad, fue ahí donde nos fuimos haciendo espacio mientras vigilábamos que el ritmo de carrera fuera el correcto. Cada que pasábamos por algún abastecimiento de agua nos hidratábamos y si era posible tomar una bolsita más de agua por si alguno se nos había pasado. También cada que pisábamos un tapete le decía a Lalo que estábamos mandando una señal a nuestros amigos y familiares que nos seguían desde la app del maratón.

Encontramos muy poca gente de porra durante el trayecto, podría decirse que es un maratón algo solitario, sin embargo lo iba disfrutando y cada que alguien nos animaba les respondíamos de la misma forma, todos emocionados y con la adrenalina a tope. No hacía falta preguntarle a Lalo cómo se sentía pues su respiración la sentía muy controlada, sólo en ocasiones nos decíamos más despacio o no te emociones para mantener controlado el ritmo y así es como llegamos al medio maratón después haber recorrido el interior del Parque Tangamanga II. El tiempo iba conforme lo habíamos planeado y nos sentíamos bien aún y cuando la humedad se empezaba a sentir más conforme el calor iba aumentando, sabíamos que lo que venía iba a ser lo más pesado al traer kilómetros en las piernas.

En el kilómetro 27 un señor me dijo que iba en quinta, no podíamos creerlo y continuamos hasta que de nuevo me repitió lo mismo otra persona, pero fue hasta el kilómetro 28 cuando alcanzamos a ver una corredora delante de nosotros y Lalo empezó a apretar el paso, le dije que iba rápido que mantuviéramos nuestro ritmo y recordara cuál era nuestro objetivo principal, sin embargo, un kilómetro después rebasamos a la corredora. Al pasar el kilómetro 30 le dije que sólo nos faltaba un cuarto y unos pasos después recordé que en Berlín sólo había podido llegar a ese kilómetro trotando, se me cortó la voz al momento de decirle a Lalo ya pasamos el 30 y aún sigo corriendo, él me contestó con una sonrisa “eres fuerte y vamos muy bien”, como pude me controlé para seguir.

Al llegar al kilómetro 36 Lalo contuvo un poco más el paso le dije venga ya nos falta muy poco, me pidió de favor que no me dejara alcanzar por la otra chica y que siguiera, le dije está bien pero tú aférrate y no te quedes, tómate otro gel. Seguí pero iba volteando para cerciorarme de que él estuviera cercano a mi, lo que no teníamos previsto era que nos esperaban unas subidas, en la última me dieron ganas de pararme pero sabía que no podía hacerlo pues Lalo venía atrás, así que disminuyendo el paso logré subirla y enseguida estaba la bajada, mis músculos lo agradecieron, ahí recuperamos un poco el ritmo y gracias a unas señoras que se encontraban en un cruce me reanimaron con agua mineral que me supo a gloria, pues es la primera vez que la tomaba en una carrera. Enseguida dimos vuelta en una avenida para tomar la lateral y ahí perdí de vista a Lalo pero iba repitiendo como mantra: Venga Lalo, tú puedes. No tenía idea a que ritmo estaba corriendo pues mi reloj se había vuelto loco a partir del kilómetro 28 y sólo nos habíamos guiado con el de él, así que sólo seguí sintiendo mi cuerpo hasta que metros después llegamos al parque Tangamanga I, sabía que la meta estaba en un par de kilómetros así que continué y me dijeron vas en tercero, no lo creí hasta que llegué a la recta final y escuché mi nombre, ahí apreté el paso hasta que pude ver el reloj, levanté los brazos, crucé la meta, contesté unas preguntas a un juez y me volteé enseguida para ver a lo lejos a Lalo en su última recta, le grité lo más fuerte: ¡cierra Lalo!, ¡ahí lo tienes!, ¡ahí lo tienes! Y sí, cruzó la meta con los brazos en alto y logrando su objetivo, me acerqué a él, nos abrazamos le dije lo lograste y me respondió no es cierto, lo logramos y abrazados nos fuimos caminando a recoger nuestra medalla para posteriormente tirarnos en unas colchonetas a descansar, estirarnos y refrescarnos del calorón. Terminamos Tangamanga con la cara y el cuerpo salados, cansados pero con la alegría y satisfacción de haber corrido un maratón más juntos.

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Este maratón fue muy especial, no sólo por la superación de mi lesión sino por el hecho de correrlo con Lalo. Él era mi motivo de recuperación, quería ayudarlo con todas mis fuerzas a lograr su objetivo pero en realidad él fue quien me ayudó más al no dejarme vencer y siempre creer en mi.

También quiero agradecer muchísimo a la pieza clave de ese trío perfecto que consolidamos en esta travesía a Tangamanga. Jonás, muchas gracias no sólo por entrenar con nosotros sino por estar ahí siempre. Te queremos mucho, carnalito. Una vez más me demostraste el significado de la amistad.

Gaby y Memo ustedes siempre han estado apoyándonos desde hace casi un año que nos conocimos. En verdad, gracias por su buena vibra y su preocupación en todo momento y sabemos que nos estuvieron siguiendo en la app. Maw también muchas gracias por entrenar conmigo y mandarnos buena vibra, por insistir en que fuera con Sofi a terapia. También gracias a ella porque no sólo fue nuestra fisio sino mi piscóloga cuando estallaba en crisis.

Por último, con este maratón cerramos una grandiosa etapa en Dromo, nos quedamos y nos llevamos lo mejor de cada persona que lo compone y estamos seguros que seguiremos compartiendo kilómetros y carreras. Los queremos y deseamos lo mejor siempre.

Tania E.

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