Corriendo por la Gran Manzana.

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Tuve la fortuna de registrarme al maratón de Nueva York por medio de la opción de clasificación por tiempo, sin embargo; mi lugar no estaba asegurado y no lo daba por sentado hasta que me llegara el mail con la confirmación, misma que llegó a finales de febrero. Recuerdo que en años anteriores veía difícil lograr clasificar a él ya que los tiempos que te piden son más exigentes que el propio Boston y cuando lo logré fue algo sorprendente.

Cada maratón es distinto y los comentarios que recibí acerca del maratón de Nueva York son muy diferentes y todo esto en relación al resultado que obtuvieron los corredores en su carrera. Me habían dicho que era ÉL maratón, que su porra y ambiente eran increíbles, que era muy difícil, que te exigía mucho y si no te controlabas te cobraría factura en los últimos kilómetros.  Ninguno de los comentarios fueron motivos para que me angustiara, ni que me preocupara; soy de las corredoras que no revisa la altimetría de la carrera ni las zonas por las que se corre, soy de las que prefiere y anhela verse sorprendida ante estos comentarios, de las que les gusta conocer una ciudad y a su gente corriendo, así que decidí seguir preparándome con la misma mentalidad que maratones anteriores.

Empecé a entrenar para Nueva York a partir de agosto; después de Tangamanga decidí tomar un mes de recuperación y acompañar a mi novio en algunos entrenamientos para su ultra maratón en Tahoe. El entrenamiento fue diferente, quería seguir cuidando mi pierna derecha (quitarme el miedo aún y cuando ya no haya lesión me ha costado más tiempo que el que tenía pensado), algunos días nadaba y otros más los complementaba con ejercicios de fuerza.  La mayoría de veces corrí en banda por cuestiones de tiempo y practicidad, pase de aborrecerla a hacerla mi aliada y amiga; incluso logré correr 16kms continuos en ella, cosa que nunca había pasado por mi mente. Aun así sigo disfrutando mucho más correr en los parques, montañas, calles y en la pista.

IMG_5362Mis distancias largas las hacía fuera del gimnasio y en compañía de mi novio, pues él también se estaba preparando para dicho maratón. El lugar variaba dependiendo el tipo de terreno, ritmo y entrenamiento que se tenía que realizar. Unos de mis favoritos fue el que hicimos en Acapulco, con variantes de ritmo y en diferentes tipos de terreno y también la carrera de 25km de trail de Transnavajas.

 

Rumbo a Nueva York

La noche previa a partir empaqué mis cosas, busqué un par de pants y chamarras que ya no usara y que me sirvieran para combatir el frío en la espera el día de la carrera, pues no quería que me pasara lo que en mi segundo maratón (Boston 2015). Verificando que no fuera a omitir algo importante para la carrera me dispuse a dormir y así fue como partimos el 31 de octubre, un día antes de la apertura de la exposición.

Llegamos al aeropuerto a la 1 de la tarde, sin embargo tuvimos que hacer espera de una hora para poder pasar migración. En la fila podíamos ver en su mayoría a corredores de diferentes países, todos ellos con tenis y con playeras o chamarras de carreras o maratones de todo el mundo.

Cuando llegamos al hotel descansamos un poco, sólo pudimos ir a comer y a ver el desfile de Halloween. Al día siguiente fuimos a trotar a Central Park y vimos calentando a los corredores elites, tan sólo de verlos me emocioné muchísimo y justo en ese momento es cuando te vas haciendo más consiente que en pocos días correrás el mismo maratón que ellos. Unos kilómetros más adelante una pareja de corredores nos rebasa y Lalo me dice: -¡es Barrios! no dudé para nada y le grité: ¡Venga Barrios!, al escucharlo voltean la pareja, me sonríe y me da las gracias para responderle con un ¡Vamos México!

IMG_7110Con las emociones a tope y después de desayunar fuimos a la expo del maratón. Desde que llegas al Centro de Convenciones puedes ver todo muy bien organizado, el staff y voluntarios muy atentos, incluso a mi novio le aplaudieron cuando le entregaron su número y le preguntaron si sería su primer NY. Ese tipo de detalles son los que se quedan en tu memoria y te hacen sentir más motivado.

Posteriormente fuimos a Soho y al One World Observatory para conocer un poco.

El viernes decidimos andar en bici por Brooklyn y en la noche ir al desfile de países. El ambiente que se vivió fue espectacular, lleno de mucha magia y emociones al ver a muchos corredores reunidos en el punto con el que soñábamos desde hace muchos meses y que estábamos a tan sólo 2 días de conseguirlo. Sí, la meta… esa meta que nos inspira y nos une a todos los que corremos.

Sábado 03 de noviembre.

Amaneció lloviendo y un poco más frío, sin embargo el pronóstico como días anteriores se mostraba optimista para el día siguiente. No dudamos y salimos a encontrarnos con nuestro amigo Mike, con el cual habíamos quedado de realizar nuestro shake out run.

En el punto de reunión vimos también a Chema y nos enfilamos los cuatro a trotar por Central Park. Ahí platicábamos de cómo les había ido en su viaje, de las expectativas que tenían y de nuestro sentir por estar a horas de correr un gran maratón.

El trote fue corto pero nos encantó vernos y transmitirnos buena vibra, nos despedimos y regresamos al hotel. El resto del día lo pasamos descansando, hidratándonos, viendo televisión y durmiendo un poco. Sólo salimos por la tarde a comer a un lugar cercano y regresamos para hacer los preparativos de nuestra ropa, comida y cosas que nos llevaríamos la mañana siguiente.

Domingo 04 de noviembre

Después de sonar la alarma a las 4:30 am me levanto, comienzo a vestirme y a comer la avena que había preparado un día anterior. En las noticias se habla del maratón e informan que será un gran día para correrlo pues se espera un día soleado, por lo mismo dudo en ponerme dos pants, pero terminé poniéndomelos. Minutos después de verificar que no se nos olvide nada antes de salir del hotel nos dirigimos caminando a la Biblioteca Pública de Nueva York de donde partían los autobuses que nos llevarían a Staten Island. Y conforme vamos acercándonos a punto de partida de los autobuses nos vamos topando con más y más corredores. La sorpresa que tuvimos fue que al llegar al lugar vemos que la fila para tomar el autobús era enorme pero no nos queda de otra más que formarnos y esperar nuestro turno para abordar.

Cuando nos subimos al autobús sentí un alivio, pues llegue a pensar que llegaríamos tarde (nervios de corredor), pero pues no por nada nos citan a las 5:30 (todo lo tienen planeado). En el camión los corredores van platicando, desayunando, hidratándose y dormitando un poco. Yo miraba por la ventana, intercambiaba palabras con Lalo y por momentos cerraba los ojos mientras escuchaba la plática de los corredores que estaban delante de mí. Ahí nos amaneció y llegó un momento en el que se hizo tráfico, nos empezamos a poner ansiosos, incluso iban al baño los corredores pero después de unos minutos pudimos ver que estábamos llegando a la villa, fue imposible no sonreír, sentir más emoción y mucha emoción.

Al bajar del autobús hicimos fila para pasar por un control de revisión. En el lugar había muchos policías resguardando y con perritos que pasaban a nuestro alrededor. Aun así nos saludaban y deseaban la mejor de las suerte a cada uno de nosotros, incluso se ofrecían a tomarnos fotos. Después de pasar la revisión fuimos directo a la zona verde que nos correspondía para acceder a nuestro corral, y decidimos pasar al baño debido a que la fila ya se estaba haciendo larga.

Posteriormente buscamos un lugar seco y agradable donde pudiéramos sentarnos y que al mismo tiempo nos diera un poco de sol para calentarnos.  Mientras esperábamos a Mike nos acostábamos por ratos, tomábamos agua y disfrutábamos el estar ahí. La espera no fue tan larga conforme me lo habían platicado que sería, lo único malo es que no habíamos dado con los bagels y comida  pero en cuanto llegó Mike nos tomamos una foto y Lalo nos acompañó a nuestro bloque de salida para posteriormente él dirigirse al suyo.

En nuestro bloque pasamos por última vez al baño y enseguida comenzaron a acercarnos a la línea de salida. Ahí pudimos calentar un poco mientras iban presentando a algunos de los corredores elites, después se entonó el himno nacional de Estados Unidos. Fue en ese momento en el que me quité los pants que traía, alisté mi reloj y de repente por fin se me hizo escuchar la canción de New York, New York, sí a unos minutos de empezar a correr. Ahí nos deseamos lo mejor unos mexicanos que estábamos cercanos y al escuchar el disparo de salida nos enfilamos con una sonrisa.

Mike y yo comenzamos más o menos juntos compartiendo los 2 primeros kilómetros del primer puente y después nos separamos para hacer cada uno su propia carrera. Ahí la señal del gps no funcionaba por lo que teníamos que correr por sensaciones; me sentía bien y cuando el reloj marcaba el ritmo no me asustaba al ver que aparentemente iba muy despacio, confié en mí y seguí. Al salir del puente me quité la chamarra que me había dejado pues sentía que el aire ya no me pegaba tan fuerte. Fue hasta una vuelta en una calle donde nos juntamos con los corredores que habían salido por la parte de arriba del puente y ahí mismo es donde la gente nos estaba esperando para animarnos (sobra decir que sonreí).  Continuamos corriendo y fue hasta el reloj que ponen en el kilómetro 10 cuando verifique que el tiempo que llevaba fuera el correcto.

Sentía mi corazón contento y mis piernas fuertes, no sentía molestias, disfrutaba ver lo alto de los edificios, chocar las manos de los niños que estaban ahí, pensaba en Lalo mientras corría y sonreía. En cada puesto de hidratación tomaba agua y agradecía a los voluntarios.

829784_1032_0021Conforme transcurrieron los kilómetros el calor se sentía más rico, sin embargo no me quité mis guantes, sólo por momentos uno para poder abrir mis geles. Al llegar al km 21 pensé en mis papás, me los imaginé viendo la pantalla del celular y emocionándose conmigo. Seguimos corriendo y la porra siempre estaba presente, sólo en el barrio judío había como 4 personas echando porras e incluso recuerdo como algunos corredores esquivaban a un judío que cruzaba por nuestro camino.

En la ruta había música de todo tipo (rock, pop, blues, cumbia), yo bailaba con la cabeza y los brazos. Me cargaba de energía de la gente y cada vez que veía una bandera de México gritaba y alzaba el puño, de hecho me sorprendió la cantidad de paisanos que había en la porra. En el trayecto corrí unos pasos con un mexicano vestido con su taparrabos, penacho y manto con la virgen María; también vi a un chico corriendo descalzo.

Cuando llegué al kilómetro 30 me dije sólo un cuarto más y seguí mi andar, creo que por ahí vi el único abastecimiento de geles de toda la ruta. Más adelante y en una calle de subida me encontré con Luis Septien (corredor del equipo Exodus), me acerqué, lo saludé y le dije que nos fuéramos juntos. Me echó porras y no se imaginan el ánimo que me dio para seguir corriendo, creo que me emocioné un poquito y apreté mi paso un poco más de la cuenta, pero disfruté mucho ese momento.829773_1092_0012

Después de unos minutos estábamos en Harlem y me encantó ver al coro de góspel en una de las esquinas de la calle. El momento fue breve pero se me quedó grabada la imagen de ellos cantando con esa fuerza y ese sentimiento tan puro, me sentía más llena de energía al escucharlos.

Seguí corriendo y de repente sentí dolor en mis pies pero no le di importancia, sabía que estábamos a punto de llegar a Central Park, me distraía con la gente, sólo al llegar a uno de los parques más famosos del mundo y saber que estaba tan cerca se me cruzó por la mente detenerme un momento pero no lo permití y continué, mi ritmo bajó pero era un hecho que no me faltaba nada. Al estar a tan sólo 400 metros y al ver la línea de meta y el reloj traté de apretar el paso con las fuerzas que me quedaban y con el puño en alto llegué, sonreí y grité, nuevamente lo había logrado haciendo mi segunda mejor marca.

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Muchos sentimientos pasaron por mi mente, pero ahora sólo me recuerdo sonriendo al mismo tiempo que caminaba por mi medalla. Sí, esa medalla por la que uno se prepara por meses y con la que sueña tenerla colgada en su cuello. Al tenerla en mis manos la sonrisa se hizo más grande pues el sueño se había materializado.

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La prueba de que sí corrimos juntos mi amigo japonés Jun Yu 😀

Unos pasos adelante me alcanzó un corredor japonés, me felicitó, me dijo que trató de seguirme y que eso lo ayudó. Por mi parte le respondí que no me había percatado pero que me daba gusto y lo felicité.

Nos despedimos y continué caminando hasta llegar por mi poncho, de ahí me fui a acostar a una banca y a estirarme un poco, después me hidraté un poco y comí una manzana mientras iba siguiendo en la app a Lalo y a Mike. Ahí envié mensajes a mi familia y amigos.

Minutos después Lalo me envió un mensaje diciéndome que ya había terminado, le dije donde lo estaba esperando y al llegar nos abrazamos, felicitamos y platicamos un poco de lo ocurrido. Nos tomamos unas fotos y nos fuimos caminando al hotel.

En la noche después de haber descansado un poco nos fuimos a cenar pizza y a echar chelita con Mike para platicar más sobre el maratón. Todos coincidimos en que está rudo pero increíble y que nos gustaría repetirlo en alguna ocasión.

Con Nueva York cierro mi ciclo de recuperación mental, mis temores y miedos de lesiones se quedan atrás. Sí, seguiré cuidándome y fortaleciéndome más pues no saben cuánto amo correr. Este deporte me ha dejado muchísimo y espero poder seguirlo haciendo por muchos años más.

Gracias a mi familia y amigos que estuvieron siguiéndome en la aplicación, sus porras y buena vibra me llegaron y juntos logramos llegar a esa meta. También gracias a Emilio y al equipo EVEN que se animaron a entrenarme faltando tan sólo 3 meses, pero sobre todo por creer en mi.

The Author

Comunicóloga visual por vocación, bailarina en el corazón y amante de los perros. ¡Mi pasión es correr!

8 Comments

  1. Luis Escamilla says

    Una meta más Tan!! Muchas felicidades!!
    Siempre tus relatos son enriquecedores y emocionantes!!
    Nos vemos pronto!!

    Me gusta

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