Maratón con dedicatoria especial

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#stwm / maratón / Toronto

Entre mayo y junio de este año Lalo y yo decidimos correr el Scotiabank Toronto Waterfront Marathon, después de que Sindo nos lo recomendara. Sería nuestro primer maratón que realizaríamos siguiendo por completo un entrenamiento formal y formando parte de un equipo en el que muchos de sus integrantes también lo correría, lo cual fue retador, motivante y entusiasta. El equipo Dromo que se formó mes y medio antes de la gran fecha fue grandioso, nos complementamos, motivábamos  y trabajábamos en equipo siempre, lo cual era un aliciente para dar todo en cada entrenamiento.

Conforme fue acercándose la tan anhelada semana de maratón, los nervios, ansiedad y entusiasmo se hacían presentes en el equipo, ya queríamos irnos y correr esos 42.195 km pero teníamos que contenernos y esperar hasta el 16 de octubre, pues dejaríamos todo en esa ciudad ya que para eso nos estábamos entrenando.

Una semana antes de partir fui a mi último masaje de fisioterapia y lo que nunca me había ocurrido sucedió, una fuerte contractura en las bandas, sufrí mucho y lloré no sólo por el dolor que me causaban sino por estar a tan sólo una semana de la gran fecha, temí no llegar bien, me enojé conmigo por haberme deshidratado en la última larga, por preferir no beber electrolitos sólo porque el sabor no me gustó en ese momento, por no dormir bien y estresarme más de lo normal… En fin ese día me sirvió de catarsis y de lección, así que lo que quedaba era aplicarme y darme diario masajes 2 veces al día, tomar electrolitos y agua, medias de compresión, alimentarme bien y dormir.

El jueves 13 llegó y no como lo había soñado, pues esa ansiedad se vio apagada un poco ya que un día antes nos habían avisado que mi abuelito materno se encontraba muy enfermo por lo que me fui con ese pendiente, mis papás me decían que no me preocupara que me mantendrían al tanto de la situación. Así que acompañada de Lalo y pidiendo que todo saliera bien abordamos ese avión que nos llevaría a Toronto, decidí que ese maratón tendría dedicatoria especial a mi abuelito Juan.

El viernes por la mañana por fin estando en Toronto nos reunimos con nuestros amigos de Dromo y partimos a desayunar para seguir con nuestra carga de carbohidratos, siguiendo al pie de la letra las indicaciones de nuestra amiga y gran nutrióloga Gaby, después regresamos al hotel a cambiarnos para ir a recoger nuestro número, ahora sí el equipo de Toronto estaba completo y feliz.

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Crew Love

El sábado nos levantamos temprano para correr 5kms de afloje con diversos equipos siendo los anfitriones el crew Parkdale Roadrunners, la corridita estuvo rica, agradable, un trote suave y ligero en el vecindario Parkdale. Posteriormente nos fuimos a desayunar para después lanzarnos al cine los Gabos, Lalo y yo para motivarnos con la película Gun Runners, aunque no resultó tan motivante pues la vida de los corredores de Kenya es muy triste, ellos sí van en búsqueda de premios para poder darles una mejor vida a sus familias. Finalmente por la tarde acudimos un rato a la fiesta de carbos del equipo anfitrión puesto que al día siguiente tomaríamos las calles de la ciudad en búsqueda de la conquista de ese maratón.

Domingo 16 de octubre, el día llegó… Amaneció nublado, tal y como se venía pronosticando desde semanas anteriores, nuestra mente estaba preparada para correr bajo lluvia, así que sólo restaba esperar un par de horas para que la fiesta comenzara por lo que nos apresuramos a desayunar para encontrarnos con todo el equipo para partir juntos a la línea de salida, no sin antes calentar, tomarnos las respectivas fotos del recuerdo y desearnos lo mejor.

La mayoría tuvimos la fortuna de salir en el primer bloque por lo que pudimos ver de cerca a los corredores elite, es impresionante la fortaleza, concentración y energía que irradian… Los Gabos, Lalo y yo no dudamos en gritarle a Julius Arilé en cuanto lo tuvimos cerca, después de haber visto su historia un día antes y nos respondió con un saludo, minutos después se cantó el himno nacional de Canadá, con un sentimiento que nos llegó en lo más profundo para posteriormente dar el anhelado disparo de salida.

Mi propósito era seguir la estrategia que el coach me había enviado por lo que tuve que contenerme para no emocionarme y salir con todo, así que no me importó que me fueran rebasando corredores, yo sabía lo que quería y tenía que apegarme a ello para lograrlo, así que disfruté la compañía de Lalo un par de kilómetros, minutos después la lluvia se dejó venir con un poco más de fuerza, no me agobié, lo único que esperaba era que mis lentes no se empañaran pero como es costumbre me olvidé de ello y no dude en gritarle a cada mexicano que me topaba en el camino y por supuesto a mis amigos y cómplices de Dromo, es la forma en que yo disfruto correr, pues al animarlos termino motivándome más, es un dar y recibir al mismo tiempo.

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Echando porra / Foto: Emma Alonso

De las partes más bellas de la ruta fue cuando tuvimos de cerca el lago, el agua me hace sentir mayor libertad y frescura, así que la disfruté lo más que pude, en esta parte tuve la fortuna de toparme con un par de mexicanos con los que me fui como 20 kilómetros, me encantó su compañía, pese a no platicar, el sólo sentirlos cerca me impulsaba y trataba de animarlos para que siguiéramos juntos pero lamentablemente no se logró pues se fueron quedando poco antes de llegar al kilómetro 30 que es el punto clave para muchos corredores pues es en donde el cansancio comienza a presentarse.

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Dromo cheer squad / Foto: Emma Alonso

Pese a que mi reloj no funcionaba sentía que iba llevando bien el ritmo y decidí seguir paso a paso, pensando en que por cada zancada que daba mi abue se sentiría mejor y yo sonreía pues esto es lo que me apasiona, sentir la brisa en mi rostro, la fuerza en mis piernas, el sudor que escurre por mi cuerpo, sentir los latidos de mi corazón, ver el esfuerzo de cada persona, agradecer con una sonrisa cada gesto de apoyo de la porra y voluntarios que salieron pese a la lluvia (las chicas del cheer squad de Dromo se la rifaron).

En el kilómetro 41 aproximadamente había una gran porra del equipo de Parkdale Roadrunners, los cuales nos animaron con todo para dar el último jalón y cerrar con todas nuestras fuerzas lo que quedaba de esta gran aventura. Y así endorfinada de principio a fin y sintiéndome fuerte es como cruce esa meta y agradeciendo por permitirme darle tributo a mi abue y de qué forma, al cronometrar 3:03:40 superando por mucho mi mejor marca, lo cual sigo sin creer, pues cuando el viernes previo a la carrera el coach me dijo que iba por 3:07 pensé está loco, no creo lograrlo y claro que tenía razón superé su pronóstico, y así con una sonrisa en el rostro caminé hacia la salida, estiré un poco y me senté a esperar a mis amigos para festejar juntos nuestros logros y compartir nuestras vivencias.

Toronto me marcó de una grata forma y me dejó lecciones, aprendí a alimentarme correctamente (Alex, ¡ya soy fan de la avena!), a cuidar mi cuerpo, a disfrutar cada entrenamiento, a compartir alegría y muchas cosas más.

Quisiera agradecer a cada uno de los integrantes de Dromo pero esto ya se extendió así que chicos gracias por compartir entrenamientos, sufrimientos, anhelos, nervios, sonrisas, satisfacciones, compañía, palabras de aliento y buenos deseos en todo momento. Somos un gran equipo y sé que esto es el inicio de muchas cosas grandes que sucederán porque cada uno aporta algo a la esencia de este gran grupo.

Por último, a mi familia les doy las gracias, pues su apoyo incondicional ha sido clave importante para poder lograr cada una de las metas que me he planteado,  a mi tío Sergio por seguir mis entrenamientos y aconsejarme, a mis abuelitos paternos que siempre me mandan sus buenos deseos un beso, a ti Lalo por dejarte envolver por esta locura que es correr y compartirla a mi lado y a ti abuelito Juan que le sigues echando ganas para recuperarte. Mi mayor premio fue escuchar tu voz al regresar de mis vacaciones y como te lo dije esta medalla te pertenece, te quiero y ¡no te rindas!.

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Para ti abuelito

 

 

¿Por qué repetir Boston?

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Boston / Correr / Major / maratón

El tiempo pasa rápido, muy rápido… me inscribí en septiembre y hace apenas unas semanas corrí el Maratón de Boston por segunda ocasión y volví a enamorarme. ¿Por qué? Son varias razones:


1) Había escuchado a muchos corredores decir que participar en una carrera por segunda vez permite pulir algunos “errores” cometidos en la primera ocasión. Para mí, el primer aspecto a resolver fue no pasar frío antes; por ello, vestí pants y chamarra durante la parte previa al maratón en caso de que el clima fuera tan frío como el del año pasado.

2) Su ruta es demandante pues tiene muchas subidas y bajadas a lo largo del trayecto, unas más pesadas que otras. Esto, por supuesto, es muy atractivo.

Boston Strong

3) Boston es una ciudad mágica, loca, entusiasta y comprometida con el deporte. A toda hora encuentras gente corriendo por doquier, lo cual inyecta energía positiva e invita a salir a correr. Esto, sin duda, aumenta el día del maratón ya que la gente sale para apoyar a los corredores. Para los habitantes, el evento es una fiesta cuyos invitados de honor son los corredores, ¡qué afortunados somos al escuchar sus porras, chocar las palmas de las manos, recibir sus pañuelos, agua, dulces y demás regalos que nos brindan de manera constante durante el trayecto. Parece que ellos también anhelan que lleguemos a la meta.

4) Es una carrera en la que únicamente puedes participar si acreditas una marca por debajo de los límites que pide la asociación, por lo que todos los competidores tienen un gran nivel.

Juanson

#TodosSomosJuanson

En esta ocasión, corrí estos 42.195 kilómetros como parte de un equipo, el Juanson Running, al cual me incorporé hace poco más de dos meses y medio, gracias a la invitación de Sindo, a quien conocí el año pasado en este mismo evento. El equipo tiene un gran nivel, lo cual me sirvió para dar lo mejor, llenarme de energía y recuperar el tiempo de entrenamiento perdido por la fascitis plantar que tuve en los meses anteriores. Ellos, sin duda, me ayudaron a dar lo mejor en el maratón.

¿Cómo viví este maratón?

El sábado llegamos a Boston poco después de las 4:30pm, fuimos inmediatamente al hotel para dejar las maletas y posteriormente recoger mi kit, pero los planes no salieron conforme a lo planeado puesto que la entrega de estos era hasta las 6pm por lo que decidimos ir al día siguiente para no estar presionados y disfrutar la exposición.

El domingo camino a la expo tuve la fortuna de ver el momento en el que pintaban los últimos metros de la famosa “línea azul”,  (La línea marca el recorrido de la ruta del maratón). Me emocioné como loca, pero no era la única muchos corredores se acercaron a tomar fotos del momento. Después de ello por fin recogimos mi anhelado número de corredor (me sentí aliviada al tenerlo entre mis manos), recorrimos la expo y nos fuimos a desayunar rápidamente puesto que el equipo Black Roses NYC nos había invitado a los integrantes del equipo Juanson Running a un convivio para intercambiar experiencias y correr un poco para aflojar las piernas previo al maratón.

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Black Roses NYC and Juanson Running Crew

El recorrido que hicimos con ellos fue muy ameno pues en ciertos lugares hicimos paradas para que nos explicaran detalles de la ciudad y/o del maratón.

 

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Carga de carbohidratos

Para terminar el día fuimos a la cena de carbos en el City Hall para hacer la respectiva carga de carbohidratos previa al maratón. Las filas para entrar son enormes, pero vale la pena esperar un poco ya que la comida es rica y sustanciosa. Además puedes convivir con corredores de otros lugares e intercambiar experiencias mientras cenan.

 

Ya en la mañana del gran día estaba indecisa; no estaba segura de qué ropa usar pues el clima se sentía fresco y no quería pasar el mismo frío que el año pasado. Después de unos minutos, opté por un short.

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Boston Common

Partí al Boston Common con Lalo, quien como siempre me deseaba lo mejor y prometió estar en la ruta para apoyarme. Después de unas cuantas fotos, me despedí y me enfilé a los camiones que nos llevarían a la Villa de los Atletas.

 

Al ver a los participantes recostados en el pasto y tomando el sol naciente, fue claro que esta carrera sería totalmente diferente a la del año pasado. Esto me dio mucho gusto, a pesar de estar vestida para enfrentar el frío. Con una sonrisa en el rostro, “desayuné” un bagel y un Gatorade, y me dirigí a la línea de salida en donde me desprendí de las prendas adicionales que llevaba y empecé a calentar.

Minutos después, entonaron el himno de Estados Unidos y dieron el disparo de salida que provocó que mis piernas se pusieran en marcha de inmediato. Esta vez me tomó más tiempo el poder tomar mi espacio para correr con mayor comodidad pues los participantes íbamos muy juntos, lo cual nos dificultó por momentos poder correr a nuestro ritmo. Por fortuna, después de algunos kilómetros lo logramos y así pudimos disfrutar cada vez más el trayecto y el apoyo constante de la gente. El sol brillaba en todo su esplendor, por lo que tenía que hidratarme en cada puesto de abastecimiento. Esto, por supuesto, no fue impedimento para disfrutar cada zancada y cada grito de “¡Venga México!” que le brindaba a cada paisano que me topé en el camino.

Disfrutando mi maratón

Después del kilómetro 21, traté de prestar un poco más de atención a la acera derecha pues ahí me esperaría Lalo. Unos metros antes, lo distinguí entre la multitud y me acerqué para sonreírle y cargarme de su energía mientras él me gritaba “¡Vamos Tania!”.

Saludando a mi porra 🇲🇽

Con toda esa fuerza, seguí hasta el próximo desafío que enfrenté un poco antes del kilómetro 30: correr con viento en contra. ¡Vaya que fue un reto! Tuve que correr con más fuerza porque sentía que el aire me empujaba de regreso y que intentaba “arrancarme” la gorra. En la recta final pude escuchar los últimos gritos de apoyo de la porra de Juanson a los cuáles sólo pude responderles alzando el brazo pues lo que quería en ese momento era cruzar la meta y así lo hice, sonriendo y agradecida por haber vivido nuevamente este maratón y por haber bajado nuevamente mi marca. Con esa satisfacción recogí mi valiosa medalla y me dirigí con lentitud y cansancio hacia el punto de encuentro familiar para reunirme con el equipo y mi novio. Al llegar me felicitaron, me preguntaron cómo me había ido y me ayudaron a estirar un poco mientras terminaban de llegar todos para posteriormente celebrar merecidamente y recuperar fuerzas con unas hamburguesas que supieron a gloria.

Lo logramos de nuevo!!

¡Gracias a toda mi familia y amigos por apoyarme nuevamente y por estar siempre presentes! Cada uno de los 42.195 kilómetros se los dedico a ustedes.

Por último, agradezco al equipo Juanson Running por acogerme y apoyarme en tan corto tiempo; son unos grandes corredores y todavía me queda mucho por aprenderles.

Un año de grandes lecciones

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Boston / Chicago / Correr / Lesiones / Major / maratón

El 2015 fue un año mágico que se fue volando, empecé con la preparación e incertidumbre de mi segundo y primer maratón internacional, sí, Boston, del cual les he hablado muchísimo pero no puedo evitarlo me enamoró y de que forma.  
Gracias a él conocí a 2 grandes personas, Sindo y Marisol.A Sindo lo conocí ese día, él me rescató del frío previo a la carrera, no lo dudó y sin conocerme me habló y ayudó, y desde entonces hemos estado en contacto. Gracias guerrero por todas tus atenciones y consejos, espero algún día volar como tú. Y en cuanto a Marisol tuve la fortuna de conocerla en un entrenamiento en el Nevado de Toluca previo al maratón, bastó con saber que correríamos por primera vez Boston, además de la buena vibra para que siguiéramos estando en contacto. Gracias a ella conocí el amor a las montañas al recorrer con ella parte del Iztaccíhuatl (mujer durmiente). 

  
  
El segundo semestre del año fue la parte más difícil para mi, pues por primera vez se presentaron las lesiones, por lo que tuve que sacrificar carreras y entrenamientos para poder recuperarme, pues tenía planeado correr Chicago y lo logré gracias al apoyo de mi familia, mis tíos y mi novio que siempre estuvieron alentándome.    

 
Por todo esto y más gracias 2015, grandes lecciones y sorpresas me diste, algunas de las más importantes escribir, tener paciencia (mucha), escuchar a mi cuerpo y valorar a las personas que se nos presentan en nuestras vidas. Veamos qué nos depara el 2016.

Cuando la mente y el corazón ganan

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#ChiMarathon / Chicago / Major / maratón

El doctor se mostraba optimista y me decía que podría recorrer la distancia que tenía programada para el maratón de la Ciudad de México; sin embargo, esto no pudo concretarse, pues el dolor en mi pierna seguía presente. Recuerdo lo difícil que me resultaba ir al trabajo en transporte público. Había leído y escuchado que la fascitis es una de las lesiones que comúnmente aquejan a los corredores, pero nunca imaginé lo dolorosa y molesta que sería. A pesar de ello, traté de ser paciente y realizar mis ejercicios diariamente. El 30 de agosto llegó y sólo pude acudir a dicho maratón a echar porras a mi novio, amigos y a todos los corredores. Fuí partícipe de ese maratón de una forma distinta y lo disfruté pues, como corredora, sé el esfuerzo y entrenamientos que hay detrás de esos 42.195 km, así que traté de motivar a cada participante con una palabra de aliento y aplausos. Así pasó ese día y seguía tratando de ser entusiasta pues mi meta era recuperarme para estar al 100% en el Maratón de Chicago.

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#ChiMarathon

Conforme pasaron las semanas veía leves mejoras en la pierna pero empecé a “trotar” casi 3 semanas antes de la fecha esperada. Trotar es un decir pues las primeras veces me sentía como un bebé que empieza a hacer sus primeros pasos. Algunos corredores me decían que no corriera, que descansara, y otros más me daban ánimos. Ahí fue cuando me di cuenta que uno no corre sólo, si bien es cierto que habemos quienes entrenamos sin compañía, los rostros que entrenan en el mismo horario que nosotros se vuelven familiares.

Con el objetivo de recuperarme a tiempo, tomé clases de yoga, bicicleta, ejercicio de core, suaves trotes y rehabilitación hasta que llegó el día de partir con mi novio a Chicago para correr nuestro primer maratón en esa ciudad. Por la noche acudimos a la cena de bienvenida para los corredores mexicanos y suecos en un pabellón del Millenium Park. Ahí logramos platicar con mexicanos e intercambiar nuestras expectativas de la carrera y experiencias. Fue un grato, aunque breve, momento pues ya se empezaba a sentir el ambiente de fiesta.

Con mi papá :D

Con mi papá 😀

La tarde del sábado fuimos a recoger nuestro número y es impresionante ver la cantidad de corredores reunidos en un mismo lugar y compartiendo el mismo objetivo.

Por la noche alisté mi ropa, lentes, reloj, gomitas y geles que usaría al día siguiente y me fui a dormir temprano.

Después de unas horas de sueño, el día había llegado y comencé a arreglarme poco antes de las 5 de la mañana pues el centro de Chicago se encuentra a 1 hora de Streamwood, el suburbio donde viven mis tíos, quienes nos ofrecieron amablemente hospedaje en cuanto supieron que participaríamos. Esto fue una motivación más para mi recuperación.

Llegamos antes de las 6:30 am a Grant Park y pudimos ver cómo, poco a poco, los corredores llegaban. México presenteDespués de tomarnos unas fotos de recuerdo y gritar “México, México” con otros participantes accedí a mi bloque de salida sola, no sin antes abrazar y desearle lo mejor a Lalo, quien saldría en el siguiente bloque. Con una sonrisa y saludando a los voluntarios llegué a mi corral, al que solo habían llegado un par de corredores. Vi el amanecer y esperé mientras hacía algunos estiramientos de forma cada vez más intensa pues la mañana era fresca y mi pierna izquierda lo necesitaba.

Cuando comenzaron a cantar el himno de Estados Unidos, que estaría seguido del ansiado disparo de salida, las caras de ansiedad y emoción se reflejaban en cada corredor: el gran día había llegado.

Así pues comenzó la fiesta. Esta ocasión no llevaba una estrategia o plan a seguir pues mi objetivo era sólo terminar el maratón. El tiempo no me importaba, lo único importante era no lastimarme más. La incógnita seguía sin resolverse: ¿terminaría el maratón?

Conforme recorrí cada kilómetro, me fue claro que no había perdido condición pese a que, en el último mes y medio, mi mayor distancia recorrida había sido de 10km y eso me hizo sentir más cómoda para seguir gozando cada zancada. Esto se disfruta.No paraba de sonreír y el dolor de caballo apareció; sólo disminuí un poco el paso y cerré la boca hasta que pasó. Poco después yo seguía gritando “México” cada vez que me encontraba una bandera de mi país, pues se siente muy lindo gritar y sentir la respuesta de la porra; es una emoción que solo se puede sentir más no describir. Es de esas emociones que se reviven al evocar un recuerdo.

Kilómetros después el calor era muy intenso y yo usaba una playera de manga larga. ¡Ni hablar! No podía hacer más que hidratarme en cada abastecimiento. Entre la multitud, buscaba a mi porra para darles los guantes que cargaba pero no los encontré en el barrio mexicano. Seguí gustosa mi trayecto disfrutando los paisajes y porras.

Después del kilómetro 32 empecé a sentir una punzada en el pie derecho y mucho calor. Después de hidratarme me echaba agua en las piernas para refrescarlas un poco. Así continué hasta llegar al kilómetro 37. En ese punto sentí que iba un poco más lento, lo cuál comprobaba con los pacers que me iban rebasando, pero algo me decía que podía lograr terminar el maratón debajo de las 4 horas, por lo que no me desanimé, aunque debo admitir que los últimos 800 metros se me hicieron muy largos, pero bastó ver la línea de meta para sonreír con todo y levantar los brazos pues había logrado mi objetivo. Terminé ese maratón y le dí gracias a mi pierna pues no me dio molestias.

Llegando a la meta

Llegando a la meta

¡Sí se pudo!

¡Sí se pudo!

Con la cara llena de sal fui a recoger mi tercer medalla en un maratón y al tenerla en mi cuello, el cansancio se fue de mi cuerpo; me sentí viva, feliz y agradecida por no haber escuchado las voces internas que me decían que no lo lograría.

Así me fui al punto de encuentro familiar para esperar a mi porra y a mi corredor estrella para festejar el triunfo. Mientras llegaban, estiré y bailé pues el evento ya era una fiesta. En cuanto ví a mis papás caminé hacia ellos con una sonrisa para darles un abrazo y ellos se sintieron aliviados pues llegaron a pensar que había desertado al no verme en el trayecto.

Mi porra :D

Mi porra 😀

Agradezco a toda mi familia y sobre todo a mis papás quienes, de último momento, decidieron ir conmigo para apoyarme, y a mi tío José y mi tía Toña por recibirnos en su casa y vivir conmigo la fiesta del maratón, pues aún y cuando no logré verlos en la ruta tenía muy presente que ellos estaban ahí, echándome porras. Y gracias también a ti Lalo, mi gran compañero de carreras, lo único que te puedo decir es que ¡sí se puede y vamos por más!

También quiero darle las gracias a mi tío Sergio por sus porras virtuales, consejos y deseos, así como a mi amiga Arse por diseñarme mi lettering: amiga, ¡me encantó!

Regalando sonrisas.

Regalando sonrisas.

Chicago me enseñó a ser paciente y a valorar más mi cuerpo, pues uno como corredor puede exigirse mucho más de la cuenta, así que ahora a cumplir la promesa que le hice a mi pierna: descansar para recuperarme y tomar vuelo para lo que sigue. En una de esas regreso para quitarme la espinita y volar como unos amigos me decían que lo haría, pues esta corredora no se rinde.

Prohibido rendirse

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Entrenamiento / split30k / Trail

Por primera vez durante una carrera, pensé en las siglas DNF (Do Not Finish); sí, abandonar la carrera. En el km 21 del Split Adidas 30k tuve una molestia en la pantorrilla izquierda a tan solo 9 km de llegar a la meta. Lo que más me dolió fue el hecho de no poder continuar, sobre todo porque corrí los primeros 21 km con buen ritmo y disfrutando el contacto con la naturaleza, así que decidí intentarlo otra vez pero solo pude recorrer un kilómetro más. Esto me entristeció pues en verdad quería seguir; mi mente lo pedía, pero mi pantorrilla gritó fuertemente–¡Es suficiente, necesito un descanso!–, así que me detuve a reflexionar y recordé que esta carrera era parte de mi entrenamiento para el maratón y que no buscaba una marca, que tenía que cuidarme para cumplir mi objetivo principal. Mientras pensaba en todo eso, varios corredores continuaban su camino y me rebasaban. ¡Qué difícil es lidiar con eso! Seguí caminando hasta que mi novio me alcanzó y bromeando me dijo–¡Échale, gordita, venimos a correr!–, a lo que le respondí que no podía seguir, que sentía una molestia y le pedí que continuara, incluso le confesé que pensaba abandonar la carrera a lo cual me respondió–No, vamos a terminarla juntos, aunque sea caminando pero vas a llegar a la meta. ¡No te puedes rendir, tienes que terminar lo que empezaste! ¿A poco vas a abandonar el maratón?–. Esas palabras me bastaron para seguir. La tenacidad, orgullo y fuerza característicos de los corredores, se hicieron presentes en mí y ya no me podía permitir obtener como resultado las terribles letras DNF. En efecto, aún podía seguir, así que caminé los 7 km restantes y, mientras lo hacía, apoyaba al resto de los participantes pues ellos todavía podían correr. Sin embargo, esta vez no iba sola. Mi mejor compañero de carreras iba conmigo.

No importa el cómo, sino el llegar.

No importa el cómo, sino el llegar.

Y, ¿cómo no va a ser el mejor? Él se levanta a entrenar conmigo sin importar si tuvo una semana pesada, soporta mis arranques de desesperación, ve el lado positivo de todo, incluso de aquello que parece “malo”, tiene ocurrencias que me hacen sonreír, y no solo me apoya en todas mis loqueras, sino que también me secunda.

Juntos lo logramos :)

Juntos lo logramos 🙂

A ti, Lalo, te doy las gracias por enseñarme a no rendirme en lo que me apasiona. Así, trotando, llegamos, por primera vez, juntos a la meta.

Esta medalla es para él :)

Esta medalla es para él 🙂

Hay que dejarse sorprender.

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Correr

Sorprender. Dícese de tomar desprevenido a alguien.

Esa es una de las cosas que ha hecho el correr conmigo, me ha sorprendido al conocer la capacidad, la fortaleza y la resistencia que tiene mi cuerpo, que digo mi cuerpo sino toda yo, pues como he escrito en ocasiones anteriores, el correr va más allá de las capacidades físicas que tenemos, es encontrar el equilibrio perfecto entre lo físico y lo mental.

Y ayer nuevamente me sorprendí al correr por primera vez el Medio Maratón de la Ciudad de México, no por la distancia ni la ruta sino porque salí a disfrutarla, mi cuerpo me lo pedía a gritos pese a estar saliendo de una lesión y así lo hice, dejé que todo fluyera (ayudó mucho el haber olvidado mi reloj para evitar monitorear mi ritmo), me dejé llevar hasta la meta no sin dejar de apreciar todo lo que veía en mi trayecto: Grandes avenidas, niños, perros, árboles, el cielo azul, música, sonrisas, porras ….

MMICM

Medio Maratón de la Ciudad de México 2015.

Mucha gente linda apoyando a esos locos que nos adueñamos de las calles por unas cuantas horas y vieran que hermoso es ese momento el ver tanta gente reunida con un mismo propósito: llegar a esa meta y yo lo logré arribando en el lugar número 15 de mi rama y en el 3ro. de mi categoría (no lo supe hasta el día de hoy que publicaron los resultados oficiales) aún sin estar al 100% lo cuál me motiva a seguir entrenando y cuidándome para lograr esa nueva meta que tengo en mente.

Así que los invitó a que se dejen sorprender 🙂

El premio al esfuerzo.

Finisher MMICM 2015.

Reflexiones

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Lesiones / Mente / Oportunidades

Como corredores podemos dejar de comer nuestros alimentos favoritos, incluso dejar de beber alcohol o de ir a fiestas, pero lo que no podemos dejar de hacer es correr. Ese es nuestro gran temor. Aun cuando estamos conscientes de que siempre hay riesgo de sufrir una lesión, cuando nos lastimamos nos sentimos mal, muy mal. Creemos que el descanso de unas semanas va a deteriorar nuestra condición física. Los días se hacen largos y anhelamos volver a sentir el sudor recorriendo nuestro cuerpo y el viento en nuestro rostro. Sin embargo, detrás de todo eso, está la conciencia de saber que el reposo es necesario para volver a vivir todo eso; de otra forma,  el tiempo de recuperación se prolongará o la lesión empeorará o reincidirá por falta de cuidados. Por ello, tenemos que trabajar en uno de los factores esenciales de todo corredor: nuestra mente. Debemos ejercitar nuestra paciencia, lo cual es un tanto difícil pero posible. Enfoquémonos en nuestras metas a futuro y en el hecho de que, para cumplirlas, debemos estar al 100%.

Foto: @eduardov (instagram)

Foto: @eduardov (instagram)

Muchos especialistas recomiendan practicar otros deportes como la natación. Esta sugerencia es adecuada; sin embargo, no todos contamos con una membresía o afiliación a un club deportivo, por lo que tenemos que buscar alternativas a nuestro alcance, es decir, ejercicios que podamos realizar en casa por ejemplo y a los que no les dedicamos mucho tiempo cuando estamos en óptimas condiciones. Esto representa la oportunidad de trabajar otras partes de nuestro cuerpo, lo cual mejora nuestra preparación y conserva nuestra condición física. Así, que no nos desesperemos y aprovechemos el tiempo de recuperación para que disfrutemos nuestras zancadas en poco tiempo.

El sueño de todo corredor.

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Correr / maratón
Medalla de finalista: Maratón de Boston 2015

Medalla de finalista: Maratón de Boston 2015

Hace un par de semanas viví una de las experiencias más increíbles de mi vida: correr el maratón anual más antiguo, sí, el maratón de Boston, el sueño de todo corredor.

Boston me recibió con los brazos abiertos; su gente es muy amable, atenta y tranquila. Para ellos, la fecha del maratón es muy importante, ya que se celebra el mismo día que el Día de los Patriotas (el tercer lunes de abril). Por ello, la gente apoya a los corredores en todo su trayecto desde Hopkinton, pasando por Ashland, Framingham, Natick, Wellesley y Newton hasta llegar a Boylston.

Sin importar la lluvia, no hubo trayecto en el que no encontráramos personas y voluntarios echándonos porras, regalándonos naranjas, agua, papel de baño, llamándonos por nuestro nombre, chocando nuestras manos y regalándonos sonrisas. Eso es lo bello del maratón: el apoyo de la gente e incluso de los mismos corredores. Ahí no importan raza, género, edad, “discapacidad” ni lengua porque todos compartimos la misma pasión: CORRER.

Como algunos saben, este fue mi segundo maratón, mi primer major y mi primer carrera fuera de mi país, por lo que no sabía qué me esperaba y así llegó el gran día. Me levanté temprano para alistarme y llegar a tiempo al Common Park (punto de reunión de corredores) donde nos esperaban camiones escolares para llevarnos a la Villa de los Atletas. Durante el trayecto, los corredores aprovechaban el tiempo para desayunar, hidratarse, dormitar, platicar o, simplemente, observar el paisaje. Conforme transcurría el tiempo nos emocionábamos más y cuando nos bajamos del camión, se dibujó en nuestros rostros una sonrisa, pues nuestro sueño estaba a punto de hacerse realidad. En ese momento, la lluvia apareció por lo que nos refugiamos en la carpa del jardín, donde había comida, agua, café y bebidas energéticas.

Villa de los Atletas

Villa de los Atletas

Al centro de ella se encontraban sentados muchos corredores que también se resguardaban del fuerte viento y la lluvia. La mayoría llevaba una sudadera o chamarra y un pants o pijama de felpa. Mientras que yo, como buena novata, sólo traía mi ropa de correr y nada adicional que me cubriera pues, si bien había leído que podíamos llevar alguna prenda extra que pudiéramos donar, había olvidado la chamarra que pensaba llevar. Para entrar en calor, tomé café y un bagel pero el alivio sólo era momentáneo pues el frío era demasiado helado. Entonces, un corredor se abrió paso entre la multitud para preguntarme si era de México a lo cuál de inmediato respondí que sí y me invitó a sentarme con él y con su amigo (que hizo ese día) finlandés ya que también tenía la misma nacionalidad que yo. Platicamos acerca del maratón, de las carreras, del tiempo que pensábamos hacer entre otros temas relacionados, hasta que llegó el momento en que Sindo (este es el nombre de este amable corredor) se tenía que ir a su bloque de salida. Nos deseamos suerte y amablemente me dio su pants y su capa térmica para que me calentara un poco mientras llamaban a mi bloque. Este es uno de los momentos que más me marcaron en Boston pues es un gran ejemplo del apoyo y compañerismo que tiene el running. De hecho, no fue el único que se portó amable conmigo sino también otro chico que me dio una bolsa de plástico para que me cubriera las piernas. Para continuar con ese gesto de amabilidad, compartí la manta térmica con un japonés que estaba a mi lado hasta que llamaron a mi bloque. Cuando escuché el anuncio fui rápidamente al baño y dejé las prendas que me habían prestado en el área de donación. Después, corrí al bloque de salida y, cuando menos lo esperé, la línea de salida estaba a unos metros y los corredores ya salían por lo que puse a andar mi reloj y mi app del celular. Con esto, mi sueño empezaba a realizarse. Conforme iba avanzando no paraba de sentirme feliz al ver el apoyo de tanta gente, por lo que decidí recorrer el trayecto cerca de las aceras para tener más contacto con la gente y sentir su apoyo. Mi estrategia de carrera era correr a un paso tranquilo durante los primeros 10kms y después subir un poco la velocidad, dependiendo de cómo sintiera mi cuerpo pues muchas veces, por la emoción, queremos iniciar fuerte; sin embargo, un maratón es una distancia considerable que requiere una buena distribución de la energía y una hidratación constante. Aproximadamente, cada kilómetro y medio del recorrido, hubo mesas de hidratación que tenían agua y Gatorade, lo cual nos ayudó a cubrir este aspecto al 100%. A partir del kilómetro 16, empecé a comer gomitas de carbohidratos para seguir teniendo energía y nivel de glucógeno suficiente para todo el trayecto restante de la competencia. Así fui recorriendo cada kilómetro mientras monitoreaba mi ritmo y sentía la respuesta de mi cuerpo. El camino tenía muchas subidas y bajadas que yo disfruté al máximo. Al llegar al kilómetro 20 que empecé a voltear a ambos lados buscando a mi porra (integrada por mi novio, mi hermana y mi cuñado) pues esperarían en el kilómetro 21, justo a la mitad de la carrera. Sin embargo, pasé ese punto y no los vi ni escuché, por lo que supuse que se les había complicado llegar o que no los había escuchado por toda la gente que había a lo largo del trayecto. Mantuve un paso constante hasta que, en el kilómetro 27, vi una bandera de México en la acera derecha y decidí pasar a su lado para sentir el calor de los mexicanos, gritando “¡México!”. Al hacerlo, vi que a tan solo unos metros estaba mi gente, mi hermosa porra que me gritaba “¡Tania tu puedes! ¡Vamos!” mientras me tomaban fotos y videos, y ondeaban unos paliacates con la bandera de México que mi papá me había dado.

Saludando a mi porra :)

Saludando a mi porra 🙂

Ese momento fue mágico, me llenó de mucha energía, por lo que les sonreí y los saludé con mucha emoción. Fueron segundos que me supieron a gloria, y se los agradezco enormemente pues tuvieron que ingeniárselas para poder llegar a ese punto y esperar un rato con todo y lluvia. A partir de ese momento seguí con más fuerza pues sabía que me esperarían en la meta, pero pasando aproximadamente el kilómetro 34 la lluvia incrementó y el frío estaba muy helado. En ese punto, varios corredores empezaban a detenerse. Algunos lo hacían de manera momentánea y otros aprovechaban para hacer sentadillas esperando que sus músculos reaccionaran lo suficiente para poder continuar la carrera. Otros más, veían con tristeza a los corredores que pasaban a su lado pues sabían que sus piernas ya no reaccionaban como ellos querían y que debían finalizar su participación ahí. Había varios voluntarios ofreciendo mantas térmicas a los corredores, algunos las aceptaban corriendo con ellas para taparse un poco el frío. Yo seguí bien el trayecto. Sin embargo, en los últimos 6 kilómetros, se me entumió el muslo derecho a causa de la lluvia. Pero eso no me importó, yo seguí pues sabía que si me detenía probablemente me iba a costar mucho más trabajo llegar a la meta y así, al dar vuelta en Boylston, pude ver la línea de meta. Entonces me dije “¡Ya estás a nada!” y lo logré: crucé la meta con los brazos levantados y con una sonrisa. ¡Había conquistado mi sueño y había mejorado mi marca personal!

Finish Line Boston Marathon

Metros antes de llegar a la meta.

Seguí caminando para recoger mi medalla de finalista. Cuando la tuve en mis manos, no pude evitar besarla cursimente pues, pese a las adversidades, había conquistado Boston o, mejor dicho, Boston me había conquistado a mí desde un inicio. Embelesada por toda esa gran experiencia seguí caminando temblorosamente al mismo tiempo sin soltar mi medalla. Más adelante, una voluntaria me tapó con una manta térmica y después me ayudaron a abrir una barra de proteína y un plátano pues el temblor ocasionado por el frío intenso me dificultaba hacer esas tareas con éxito. Conforme transcurría el tiempo, el temblor en mi cuerpo se incrementaba pero logré llegar a la letra E del punto de reunión familiar, donde había quedado de verme con mi porra. Como hacía mucho aire, me coloqué junto a un muro para que me cubriera un poco. A pesar de esto, el frío se apoderaba de mi cuerpo y yo no era su única presa; la mayoría de los corredores pasaba temblando, algunos se sentaban y se hacían bolita mientras esperaban a sus familiares. Conforme crecía el número de corredores que se encontraban con sus familias, comencé a desesperarme. Minutos después, llegó mi novio. Me abrazó y lo primero que hice fue preguntarle dónde estaban y por qué se tardaron tanto. Después, me llevó hacia donde estaba mi hermana e Iván, quienes me ayudaron a quitarme el short mojado y a ponerme el pants de mi hermana. De ahí, nos fuimos a un cafecito para que me quitara el resto de la ropa mojada y para que tomara un chocolate caliente. En ese acogedor lugar, no dejaron de felicitarme ni de contarme su experiencia y todo lo que vivieron.

Finalista Boston 2015

Así o más feliz 😀

Esto fue Boston: una gran experiencia de amor, disciplina, tenacidad, lucha y entrega, no sólo de los corredores sino de todos los voluntarios, autoridades, staff, policía y porra que hicieron posible este maratón. ¡Gracias Boston, gracias familia (mamá, papá, tíos, abuelos, primos)! Aunque no estuvieron físicamente, corrieron conmigo cada zancada. Sus palabras de motivación me ayudaron a conquistarlo. También quiero agradecer a mi hermana e Iván que decidieron acompañarme en esta locura que es mi pasión y, especialmente, te agradezco a ti, Lalo, por estar siempre y por motivarme en cada entrenamiento y en cada carrera.